Mi experiencia en la Vía Francígena – Semana 4: Caminos romanos y la fiesta nacional francesa

Prólogo: Entre historia antigua y celebraciones modernas

La cuarta semana de mi peregrinación por la Vía Francígena me llevó por territorios donde la historia romana aún se siente bajo los pies. Desde los campos de girasoles hasta las ciudades fortificadas medievales, esta semana estuvo marcada por decisiones estratégicas sobre qué ruta tomar, encuentros inesperados con la vida silvestre y una celebración muy francesa del Día de la Bastilla.

Fue la semana donde exploré la diferencia entre la ruta oficial moderna (GR-145) y los antiguos caminos romanos que constituían la Vía Francígena original. También fue cuando la hospitalidad francesa se manifestó de maneras extraordinarias, desde comidas preparadas especialmente para peregrinos hasta celebraciones nacionales compartidas con locales.

Los reencuentros con Johnny, el estadounidense, y la continuidad del camino con Gioia dieron una dimensión de comunidad a esta experiencia, mientras que los desafíos físicos – desde zapatillas rotas hasta cuestas pronunciadas – siguieron poniendo a prueba mi resistencia y adaptabilidad.

Día 22: Tranquilidad después de la tormenta

20 kilómetros de calma por la vía romana

Hoy ya habíamos visto en el pronóstico del tiempo que no iba a llover como los días pasados, así que estábamos un poco más tranquilos. Amanecimos a las 6:30 de la mañana, tomamos un desayuno bien rico en la casa que nos habían dado refugio y empezamos a caminar a eso de las 7 de la mañana.

Hoy era un día tranquilo que nos esperaba, no había mucho apuro ni nada. Sabíamos que iba a ser más que nada por carretera, y como habíamos empezado a hacer ya desde Châlons-en-Champagne, estábamos siguiendo la vía romana, que no es la oficial de la Vía Francígena (que es la GR-145), sino que esta es la antigua Vía Francígena oficial que era en su momento, pero que la cambiaron.

Ahora lamentablemente no está en ninguno de los mapas oficiales, pero mantiene todavía la ruta original. Desafortunadamente no está muy bien señalizada, lo que requiere más atención a la navegación.

Empezamos a caminar muy tranquilos, sabiendo que no iba a haber ningún problema con la lluvia. El día estaba nublado y un poquito fresquito, así que era perfecto. Hicimos unos 10 kilómetros más o menos hasta que encontramos un pueblo donde había una iglesia y al lado unas mesitas para sentarnos y tomar un cafecito, hacer otro desayuno.

Ahí paramos, comimos un brownie que había comprado el día anterior en la panadería, y tomamos un café que tenía – Gioia llevaba el gas para calentar agua. Muy tranquilos, nos quedamos un tiempo, descansamos para después volver a seguir caminando. En total el día iban a ser unos 20 kilómetros, entonces únicamente nos faltaban unos 10 kilómetros para el resto del día (unas 2 horas).

El día continuó sin ningún problema, la verdad era bastante tranquilo. Más que nada fue al lado de la carretera, pero no había ningún inconveniente, así que todo perfecto. Llegamos al pueblo donde nos íbamos a hospedar, y para nuestra sorpresa era justamente en la mairie (el ayuntamiento) del pueblo donde nos estábamos quedando.

Entonces entramos a la mairie y preguntamos que debiamos hacer como peregrinos. Ahí nos dijeron que había una habitación que era exclusivamente como refugio de peregrinos. Mi intención era acampar la verdad, pero en cuanto vi eso dije que bueno, que igual me podía quedar ahí. Tenían como una pequeña cama hecha con algo de camping: una manta, una almohada inflable, y era lo suficiente. No había ducha ni nada, sino que era bastante básico.

Llegamos temprano, a eso del mediodía, comimos algo, descansamos la tarde. Yo tomé una siesta y estuvimos un poco ahí disfrutando lo que era el pequeño pueblito.

A eso de las 7:30 viene una mujer con comida, con una caja con cosas para cenar y para desayunar para el día siguiente. La verdad que nos trajo de todo – súper amable. A mí me trajo unas papas con carne que teníamos que calentar únicamente, también me trajo una botellita de vino chiquita, trajo pan, queso, lechuga, tomate, mermelada para el día siguiente, fruta… la verdad que de todo un poco para que estuviéramos satisfechos, incluso hasta el desayuno del día siguiente.

Se vino la hora de la comida, charlando una cosa y otra, y a eso de las 9 ya estábamos listos y preparados para ir a dormir, para arrancar mañana otro día.

Día 23: Girasoles y confluencias de caminos

25 kilómetros hasta Brienne-le-Château

Hoy, como veníamos haciendo todos los días, nos despertamos a eso de las 6, desayunamos entre las 6:30 para a las 7 de la mañana ya empezar a caminar. Hoy nos esperaban unos 25 kilómetros más o menos – casi siempre es lo mismo que hacemos.

Primero desayunamos tranquilos con lo que nos habían dejado el día anterior en la caja que nos trajo la mujer, y arrancamos a caminar. El día continuaba sobre lo que era la vía romana, tranquilo, un poquito de carretera pero también había un poquito de camino más de tierra que no eran de carretera pavimentada.

Continuamos. El día era muy tranquilo la verdad, pasando los mismos paisajes más o menos, hasta que de repente, a los 12 kilómetros llegamos a un pueblo donde había un café que ya sabíamos que estaba ahí para hacer una parada técnica.

Antes de llegar al café, la verdad que habíamos pasado por varios lugares bonitos, pero habia uno muy particular donde era todo un campo lleno de girasoles muy bonitos. La verdad todos estaban en perfectas condiciones, y ahí hicimos unas cuantas fotos y videos porque era muy bonito apreciarlo. Era una subida justo antes de llegar al café.

girasol

En el café aprovechamos para tomar una cervecita para refrescar un poco – bueno, dos cervecitas de hecho. Gioia compró un helado y comimos los sándwiches que nos habíamos hecho de las cosas que nos dieron ayer, que incluso nos sobró algunas cosas. Entonces comimos sándwiches e hicimos una pequeña parada técnica, descansando, respirando los pies para seguir los próximos 10 kilómetros creo que nos quedaban más o menos.

Hoy el pueblo donde íbamos a llegar era Brienne-le-Château, que es el pueblo o ciudad un poquito más grande donde confluían lo que es la GR-145 (que es hoy en día la Vía Francígena oficial) y la vía romana que es la antigua y original. Entonces ahí ya de nuevo comenzamos a seguir caminando por la GR-145.

Hicimos caminando tranquilos los 10 kilómetros que nos quedaron, llegamos a Brienne-le-Château, y ahí Gioia se quedó en una casa de hospedaje para peregrinos. Yo decidí seguir para acampar libremente. Fui al supermercado, ahí aproveché a comprar un par de cosas para el próximo día incluso, y para la cena, y comencé a seguir caminando por lo que era el camino oficial de nuevo.

A los 20 minutos de salir de la ciudad encuentro un lugar justo al costado, en el medio del bosque, justo al costadito del camino que era perfecto para acampar. Entonces a eso de las 6 de la tarde decidí quedarme ahí y acampar muy tranquilamente.

Día 24: Plantaciones inesperadas y ríos refrescantes

30 kilómetros con sorpresas naturales

Hoy me desperté un poquito más tarde de lo normal. Se ve que tenía un poquito de sueño, e incluso me había ido a dormir a las 9 de la noche, así que dormí unas 10 horas muy tranquilo y relajado. La verdad me venía bien y hacía tiempo que lo necesitaba.

Empecé a desarmar las cosas, tomar un desayuno, y caminé unos 5 kilómetros hasta el siguiente pueblo, que era donde habíamos hablado con Gioia para reencontrarnos y volver a caminar.

En el pueblo de Dienville nos reencontramos nuevamente con Gioia, y ahí empezamos a caminar los dos tranquilos. Hicimos unos 5 kilómetros más o menos hasta que de repente vemos a la derecha nuestro un campo, una plantación de lo que parecía cannabis. De repente empezamos a mirar bien, a investigar, y vemos que la plantación era de cannabis, de cáñamo industrial, que es una plantación básicamente que tiene muy bajo THC y se usa para realizar cosas industriales.

Justo después de llegar a esa plantación de cáñamo industrial que habíamos visto, hacemos unos kilómetros más y llegamos a un pueblo. Para nuestra sorpresa, ese pueblo tenía una piscina natural de un río justo debajo de un puente. Eso fue lo primero que hicimos: fuimos a la playa.

Poquito a poco, primero empezamos a poner los pies y al final decidimos que evidentemente nos íbamos a bañar completamente. Hacía bastante calor, así que empezamos a ponernos en cueros – bueno, me quedé con el pantalón igual pero me puse en cuero – y básicamente nos tiramos al río para mojarnos y ducharnos un poquito.

Hoy el día era largo – de hecho eran unos 30 kilómetros – y todo el día iba a ser seguramente caminando más o menos por carretera. Seguimos después de ducharnos ahí, seguimos caminando hasta llegar al pueblo de Dolancourt.

Ahí hicimos otra parada. Para ese momento ya eran unos 20 kilómetros, y por algún motivo me dolía bastante la espalda – no sé qué es lo que me pasaba exactamente. Así que en Dolancourt decidimos pararnos de nuevo, tranquilos, tomarnos nuestro tiempo alrededor de una hora, hora y media.

No había nada ahí, lo único que había era un parque de atracciones, pero que a nosotros la verdad no nos interesaba – incluso el precio era de 40 euros, que no estaba dentro de nuestro presupuesto.

Después de ese descanso en Dolancourt, muy merecido y necesario la verdad, de una hora, hora y media más o menos, seguimos caminando para lo que iba a ser el final del pueblo de hoy y la etapa: el pueblo de Bar-sur-Aube.

Fueron unos 10 kilómetros más hasta llegar al pueblo. Una vez llegamos al pueblo, ya habíamos visto – yo inicialmente quería acampar libremente de nuevo, pero no había mucho lugar – que había un lugar de acogida para peregrinos que salía únicamente 10 euros – la verdad muy económico.

Fuimos a la oficina de turismo, ahí nos dijeron que nos iban a esperar en tal dirección, nos dieron la dirección y ahí fuimos. Nos recibió una señora muy amable que nos hizo entrar al lugar donde básicamente había tres habitaciones, cada una con bastantes camas, tenía ducha, cocina con bastantes cosas – incluso tenía pasta, café, galletas, y con una heladera – todo para sentirnos bastante a gusto y cómodos para terminar el día, descansar y comenzar un día nuevo mañana.

Esa misma noche Johnny, el chico de Estados Unidos que estaba caminando la Vía Francígena, me dice que llegara al albergue después de caminar 55 Km todo el día (una completa locura), y así fue como nos reencontramos a la noche.

Día 25: Reencuentros y viñedos de Champagne

25 kilómetros entre colinas

El día de hoy arrancamos todos – más o menos decidimos arrancar a las 7 de la mañana. Primero salió Gioia un poquito más temprano, y después salimos con Johnny caminando.

A partir de las 7:15 arrancamos a caminar. Primero era un día muy tranquilo, sin ningún problema, después empezamos a ver que había bastantes subidas y bajadas. Primero era una subida para llegar a una colina desde donde se veía el primer pueblo, después una bajada para llegar al pueblo, y luego otra subida para salir del pueblo. Era una zona bonita, llena de viñedos de champán – eso se apreciaba la verdad, pero se veía venir que se avecinaba un día con muchas subidas y bajadas. Y así fue.

Continuamos caminando unos 15 kilómetros hasta que llegamos a Clairvaux, un pueblo donde había una abadía bastante grande. Ahí decidimos parar a comer, descansar un poco, y estuvimos como una hora. En ese momento nos despedimos de Johnny porque él seguía caminando – iba a seguir mucho más que nosotros – y nosotros, Gioia y yo, decidimos quedarnos un poco más tranquilos y comenzar un poquito más tarde. Aprovechamos para comer.

Después de dos horas de estar descansando, decidimos empezar a continuar caminando.

Continuamos con Gioia caminando unos 10 kilómetros más o menos, poquito a poco, pasando por bosques y más senderos, y obviamente campos. Ese día la verdad que yo quizás no había planificado muy bien el tema del agua, o no había lugares donde podía reponer el agua, porque al llegar a los últimos kilómetros me quedé con apenas un poquitito de agua.

La idea de hoy era llegar al pueblo Cirfontaines-en-Azois, eran unos 25 kilómetros que teníamos que hacer. Cuando llegamos, no vi ningún lugar para acampar libre – era mi idea del día de hoy – pero entonces, como no vi nada, decidí entrar a la casa de acogida donde se iba a quedar Gioia y sumarme también. Tenían una habitación, una cama para mí también.

Nos recibieron muy bien, con una bebida de fresas de su granja local, y después era cena incluida y desayuno – todo muy bien, la verdad muy hospitalarios, y era por donativo.

Día 26: Energía renovada y zapatillas rotas

35 kilómetros hacia Leffonds

El día de hoy la verdad que me desperté tranquilo a las 6:30, nos despertamos y fuimos directamente a desayunar que ya nos tenían todo preparado en la casa de familia Marian y Alain. Desayunamos, hablamos, nos mostraron el sello de la Vía Francígena que nos habían puesto en la credencial – que era súper bonito, no era exactamente un sello, sino que con lapicera y marcador hacían un dibujito personal – y empezamos a caminar a eso de las 7 de la mañana.

El día de hoy nos esperaban unos 35 kilómetros hasta el pueblo de Leffonds, así que nos convenía arrancar temprano.

Por algún motivo esta mañana me sentía con muchas energías – no sé si era porque había dormido en una cama cómoda o me había sentido bienvenido, como me había pasado la última vez en la casa de Madame Tudour – pero esta vez de nuevo estaba como con mucha energía y me sentía muy bien. Para un día largo se agradece la verdad.

Empezamos a caminar, y a los 10 kilómetros más o menos había una bifurcación: lo que es el antiguo camino oficial de la Vía Francígena, el histórico, y el actual que es el GR-145. Algo similar a lo que unos días anteriores habíamos hecho con la vía romana y el GR-145.

Nosotros decidimos hacer la vía oficial antigua, que lamentablemente ahora no está incluida dentro de lo que es la Vía Francígena oficial, pero decidimos hacer esa.

Al poco tiempo, donde tomamos la bifurcación, nos encontramos con un gato súper amable que casi se suma a nuestra peregrinación – lamentablemente no, pero nosotros seguimos caminando.

A unos 7 kilómetros más o menos encontramos el primer café, donde yo decidí tomar un segundo desayuno, y al mismo tiempo compramos sándwiches para el almuerzo. Justo en ese momento también me di cuenta de que se me habían roto las zapatillas.

En el costado de las zapatillas yo tenía un hilo que conectaba – que me lo había hecho un zapatero – la suela con la zapatilla en sí, la parte de arriba, y no sé qué pasó exactamente que una de las partes se rompió. Entonces tuve que coser el hilo de alguna manera, atarlo y coserlo y atarlo de nuevo, lo único que tenía a mano para hacerlo y que era resistente era con hilo dental, que parecía que quedaba bien. Vamos a ver si funcionaban.

Seguimos con el café, estuvimos tranquilos, nos tomamos nuestro tiempo también para descansar, y al rato de una hora o algo así empezamos a caminar de nuevo.

Hicimos unos 7 kilómetros más hasta de repente llegar a otro pueblo muy bonito donde encontramos un parque al lado de la iglesia donde podíamos descansar tranquilamente. Entonces nos pusimos debajo de un árbol, pusimos la mochila, nos sacamos las zapatillas – todo perfecto para almorzar en ese momento y descansar.

Yo aproveché para tomarme una siestita de unos 20 minutos, Gioia también unos 20 minutos, y aprovechó a trabajar también un poco. Ahí estuvimos como una hora y media súper relajados, tranquilos, y después de eso empezamos de nuevo a caminar lo que ya quedaban unos 10 kilómetros más o menos para lo que era el destino final.

La mayoría del día fue por carretera y seguía, iba a seguir así lo que quedaba del resto del trayecto. Empezamos a caminar – quedaban unos 10 kilómetros aproximadamente – y era todo carretera. Había algún que otro campo en los lados, alguna que otra granja, pero era todo carretera.

A eso de las 6 de la tarde más o menos, llegamos al pueblo donde nos íbamos a quedar: Leffonds. En ese momento, primero fuimos a la iglesia y decidimos ir al cementerio para recoger agua – en todos los cementerios tienen agua potable que se puede tomar – entonces aprovechamos, rellenamos las botellas de agua y fuimos directamente hasta donde estaba el campo de fútbol de Leffonds para ver un lugar para acampar.

Afortunadamente, al costado del campo de fútbol justo también estaba la escuela, entonces entre una y otra había como un bosquecito chiquitito, y ahí decidimos acampar. Eran como las 7 de la tarde, entonces lo que hicimos fue directamente poner las tiendas, comer y dormir.

Día 27: Llegada a la ciudad fortificada

28 kilómetros hacia Langres

Arrancamos a despertarnos a eso de las 6:15 de la mañana. Nos despertamos tranquilos, empezamos a desarmar las cosas, las tiendas, y desayunar, de modo que para eso de las 7 de la mañana ya estábamos caminando fuera del pueblo para lo que sería el día de hoy: unos 28 kilómetros en total.

Empezamos a caminar inicialmente como venía siendo en carretera todos los días más o menos. Por algún motivo ese día estaba un poco particular – me sentía un poco pesado, no sé si mal humor, desganado, o qué particularmente, pero no estaba bien mentalmente básicamente.

Yo creo que mucha parte de esto era porque estábamos los últimos días caminando en ruta, por carretera por bastante tiempo, y la verdad que es algo que no me gusta y me afectó a nivel mental.

Por suerte, algunos kilómetros después de arrancar, el camino se desvió de la carretera principal y empezó a meterse dentro de bosques, lo cual para mí me ayudó un montón porque necesitaba algo así. Fueron unos bastantes kilómetros por dentro de un bosque, después volvió a la carretera hasta meterse en lo que era el primer restaurante que veríamos (pero ya ese pequeño bosque que atravesamos me ayudo mentalmente).

Ya habíamos llamado el día anterior para que nos reserven y nos hagan unos sándwiches para el almuerzo, entonces ahí llegamos a eso de las 11 de la mañana al restaurante. Nos pudimos sentar, tomamos una cerveza, comimos un helado y nos dieron los sándwiches que habíamos pedido ya para comerlos ahí.

Lo bonito de este restaurante era que estaba mirando a un lago bastante grande, por lo cual teníamos una buena vista. Hicimos una parada en ese momento de una hora y media. Estábamos un poco cansados y empezaba a hacer bastante calor la verdad – unos 30 grados – pero decidimos arrancar de nuevo porque teníamos que seguir.

Nos mojamos un poco la cabeza, rellenamos el agua y arrancamos a caminar por el camino que era todo bordeando el lago. Por suerte había árboles que nos tapaban del sol que estaba bastante fuerte en ese momento. Como hacía bastante calor, decidí ponerme las sandalias, quitarme las zapatillas para que los pies puedan respirar un poco.

Seguimos caminando unos cuantos kilómetros, salimos del lago, salimos de un pueblito que había – que había que subir una pequeña pendiente – y después nos encontramos con que era todo campo abierto sin ninguna posibilidad de sombra. Tuvimos que aguantar básicamente caminando bajo el sol con el calor que hacía.

Seguimos caminando, cruzamos otro pequeño bosquecito, hasta finalmente visualizar lo que era el fin de la etapa del día de hoy: la ciudad de Langres. Pero lo que se veía era arriba, porque había que subir una cuesta de unos 150 metros en unos 500 metros aproximadamente, lo cual es una cuesta bastante alta (una pendiente de 25% aproximadamente).

Langres es una villa amurallada de 7,900 habitantes que cuenta con 53 lugares declarados monumento histórico y cultural. La ciudad se alza sobre una meseta caliza a 475 metros de altura, rodeada por 8 kilómetros de murallas defensivas con doce torres y siete puertas.

En el momento que llegamos a Langres, la verdad que estábamos un poco cansados, no tanto por los kilómetros que habíamos hecho sino por la última subida. Llegamos a Langres – ahí nos íbamos a quedar en un hospedaje de peregrinos que era en una iglesia.

Inicialmente era 15 euros por noche, pero como nosotros nos íbamos a quedar dos noches – ya que el día siguiente queríamos descansar y además sería el día de la toma de la Bastilla que había unos eventos en la ciudad – decidimos quedarnos dos noches, por lo tanto nos hicieron un precio de 10 euros por noche.

En ese hospedaje también ya se encontraba Johnny, que había llegado el día anterior a Langres – nos había adelantado un día. Él los domingos siempre descansa, entonces él llegó el sábado, el domingo descansó, y el lunes también descansaría que sería el día de la toma de la Bastilla, y así se sumaba a nosotros caminando. Nosotros el martes era el plan de arrancar a caminar de nuevo, pero ahora los tres juntos.

Entonces lo que hicimos fue acomodarnos tranquilos, descansar un poco, ducharnos, hacer unas compras para el día de hoy, para el día de mañana, y ya descansar, cenar, aprovechar y tomar una cerveza, charlar con ellos, y dormir, ya que el otro día iba a ver algunos eventos por el día de la toma de la Bastilla y queríamos descansar y dormir para poder disfrutar el día.

Día 28: Celebrando el 14 de julio en Langres

Día de descanso y fiesta nacional

Hoy fue un día de descanso que nos lo tomamos – era un lunes y era un día festivo nacional en Francia: el día de la toma de la Bastilla – así que prácticamente todo estaba cerrado. Aprovechamos para descansar. Fue el primer día que me tomé de descanso después de un mes caminando prácticamente.

Me desperté a las 7 de la mañana aunque quería dormir más, pero ya a las 7 mi cuerpo me decía que tenía que despertarme. Dormí un poquito más y a las 8 ya estaba desayunando.

Hoy estábamos los tres: Johnny, Gioia y yo, los tres en el mismo lugar, en un albergue de una iglesia para peregrinos que nos terminó saliendo 10 euros la noche por dos noches – súper económico. Muy relajados los tres descansando.

Desayunamos primero, y después con Gioia fuimos a lavar la ropa a un lavadero automático. Pudimos conseguir un descuento de 2 euros, que vale mucho para un peregrino. Lavamos la ropa perfectamente.

Como era el día de la toma de la Bastilla, había muchos eventos que iban a hacer dentro de la ciudad Langres. Uno de ellos era a las 11 de la mañana: un desfile de todos los que son las fuerzas – la policía, los bomberos y demás – por la ciudad, y los representantes obviamente.

A las 11 de la mañana nos fuimos ahí a la plaza para ver el desfile. Bonito la verdad, no era muy exuberante, tranquilo, así que ahí vimos el desfile y después volvimos para recoger la ropa toda lavada.

Después de recoger la ropa – en ese momento también conocimos a un mexicano sorprendentemente que estaba estudiando en una ciudad cercana y trabajando, haciendo unas pasantías. Hablamos un poco extrañamente en español, cosa que hacía mucho no hablaba – pero después volvimos a la plaza principal de nuevo.

A las 12 del mediodía había como un trago gratis que era vino o zumo de naranja, con un pequeño aperitivo de pastelería chiquita, para disfrutar después del desfile.

A todo esto, nosotros seguíamos estando con la ropa ya lavada pero con la bolsa de ropa, tomando nuestro vino y nuestro aperitivo y comiendo ese snack. Después de eso fuimos al supermercado, hicimos unas compras para un día y medio, dos días más o menos, porque sabíamos que al día siguiente íbamos a acampar libremente – o esa sería la idea.

Después de comprar las cosas, volvimos a la casa donde nos estábamos hospedando para descansar y almorzar, que a la tarde había más actividades planeadas.

A eso de las 5 de la tarde salí de lo que era la casa de acogida para visitar la iglesia, caminar un poquitito por el parque que había por ahí que no lo había visitado todavía. Luego volví para cenar tranquilo. Éramos los tres – Johnny, Gioia y yo – para cenar tranquilos los tres con una cerveza.

Para después, a eso de las 8:30 de la noche, irnos para donde era el evento de la tarde-noche del día festivo de la toma de la Bastilla: que había música en vivo y después iba a haber fuegos artificiales.

Nos fuimos a eso de las 9 de la noche a ver primero la banda. Fui con Johnny únicamente – Gioia se quedó porque estaba un poco cansada. Fuimos a la banda: era una banda estilo funk, rap, medio raro, mezclaba un poco varias cosas, pero estaba buena, había bastante gente ahí disfrutando con comida, cerveza, pasándolo bien.

A medida que pasaba la noche se iba sumando cada vez más gente hasta que a las 11 de la noche sonaron los fuegos artificiales que duraron unos 15 minutos – como unas 3 tandas, bastante bonito la verdad.

Después de eso ya era hora de volver a casa para descansar y al otro día volver a caminar.

Reflexiones de la cuarta semana

Esta cuarta semana en la Vía Francígena me enseñó sobre la importancia de tomar decisiones estratégicas en el camino y sobre cómo las celebraciones compartidas pueden crear vínculos inesperados con las comunidades locales.

La exploración de diferentes rutas – desde la antigua vía romana hasta el GR-145 oficial – me mostró que la peregrinación no es solo seguir un sendero marcado, sino también entender la historia que hay debajo de nuestros pies. Caminar por las mismas rutas que usaron los peregrinos hace mil años me conectó de manera más profunda con el propósito original del camino.

Los desafíos prácticos, como las zapatillas rotas que tuve que reparar con hilo dental, me recordaron que la peregrinación también es una escuela de resolución de problemas y adaptación. Cada obstáculo se convierte en una oportunidad para demostrar ingenio y perseverancia.

Los encuentros inesperados – desde el gato que casi se suma a nuestra peregrinación hasta la plantación de cáñamo industrial, desde los campos de girasoles perfectos hasta las piscinas naturales que aparecían cuando más las necesitábamos – me enseñaron que el camino siempre tiene sorpresas reservadas,

Pero lo más memorable fue la celebración del 14 de julio en Langres. Participar de la fiesta nacional francesa, compartir vino gratuito con locales después del desfile militar, y terminar la noche con fuegos artificiales desde las murallas medievales de una ciudad fortificada, me mostró cómo la peregrinación puede convertirte en parte temporal de las comunidades que atravesás.

La compañía constante de Gioia y los reencuentros con Johnny crearon una sensación de familia itinerante. Cada uno con su propio ritmo y sus propias necesidades, pero unidos por el objetivo común de llegar a Roma y por la comprensión mutua de lo que significa poner un pie delante del otro, día tras día.

La hospitalidad francesa siguió sorprendiéndome: desde la señora que aparecía con cajas llenas de comida casera hasta las familias que abrían refugios especiales para peregrinos por donativo. Estos gestos me recordaron que la Vía Francígena no es solo un camino físico, sino una red de generosidad que se extiende a través de los siglos.

Los 35 kilómetros en un solo día me demostraron nuevamente que mis límites físicos seguían expandiéndose, pero también me enseñaron la importancia de escuchar al cuerpo y tomar descansos cuando son necesarios. A veces, como con el día de descanso en Langres, parar es tan importante como seguir adelante.

El camino continúa hacia el este, donde nuevos desafíos y nuevos encuentros aguardan…

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