Indice
- 1 Prólogo: Entre olas de calor y tempestades
- 2 Día 15: Madrugar para vencer el calor
- 3 Día 16: Laon, la primera capital de Francia
- 4 Día 17: Hospitalidad y 45 kilómetros de resistencia
- 5 Día 18: Rumbo a Reims entre viñedos
- 6 Día 19: La región del Champagne
- 7 Día 20: Lluvia torrencial y hospitalidad extraordinaria
- 8 Día 21: Diluvio y rescate providencial
- 9 Reflexiones de la tercera semana
- 10 ¡No te pierdas estos consejos!
Prólogo: Entre olas de calor y tempestades
La tercera semana de mi peregrinación por la Vía Francígena me llevó desde las llanuras francesas hacia el corazón histórico del país, atravesando regiones que fueron testigos de siglos de historia europea. Esta semana estuvo marcada por extremos climáticos que pusieron a prueba mi resistencia: desde olas de calor agobiantes de casi 40 grados hasta diluvios torrenciales que me obligaron a buscar refugio.
Fue también la semana de los grandes encuentros: conocí a Johnny, un peregrino estadounidense, me reencontré con Gioia, la italiana compañera de ruta, y experimenté la hospitalidad francesa en su máxima expresión. Atravesé ciudades históricas como Laon, la antigua capital francesa, y Reims, corazón de la región de Champagne.
Esta semana me enseñó sobre la importancia de la flexibilidad, la solidaridad entre peregrinos y la bondad de desconocidos que abren sus puertas cuando más lo necesitás.
Día 15: Madrugar para vencer el calor
Estrategias contra la ola de calor
Hoy tomé la decisión de despertarme a las 5:15 de la mañana. Como el día anterior había sido una ola de calor que había llegado hasta los 38 grados, y hoy iba a ser igual, decidí levantarme muy temprano, antes del amanecer, para aprovechar toda la mañana con un clima y temperatura medianamente normales.
A las 6 ya estaba caminando hacia el destino del día. En todo momento, la estrategia era caminar lo más rápido posible, especialmente en campo abierto donde no tenía ningún tipo de sombra. Cada momento de sombra en un bosquecito lo aprovechaba al máximo, pero de todas maneras fue un camino sin mayores problemas.
La verdad es que el día no fue muy distinto a otros: era principalmente escapar del sol. De hecho, llegué bastante rápido a la primera ciudad donde pensaba tomar un café o una cerveza, e incluso cargar el teléfono. Pero cuando llegué, probablemente porque era muy temprano, el bar estaba cerrado, así que decidi continuar un kilómetro más hasta encontrar otro bar.
Pedí una cerveza (eran las 9 de la mañana), pero desafortunadamente no me dejaron cargar el teléfono porque por algún motivo decían que podía llegar a explotar – una excusa que me pareció extraña (y absurda) pero que tuve que aceptar.

Después de tomar una cerveza bastante fresca y descansar un poco, seguí caminando hasta el supermercado más cercano, que estaba a unos 5 minutos, para hacer las compras suficientes para el resto del día y ya no tener que volver a salir. También aproveché para comprar cosas para el día siguiente.
Empecé a caminar los últimos kilómetros hasta llegar al camping municipal de La Fere donde me iba a quedar, que solo costaba €5.60 la parcela e incluía duchas y electricidad (Una joyita). Una vez que llegué, lo primero que hice fue irme a duchar, después poner la tienda y cargar todas las cosas.
Al cabo de un rato llegó un estadounidense (Johnny), también peregrino, que estaba haciendo la Via Francigena como yo. Estuve toda la tarde con él charlando y poniéndonos al día sobre nuestras experiencias en el camino.
Día 16: Laon, la primera capital de Francia
30 kilómetros hacia la historia
Hoy nuevamente decidí levantarme temprano, principalmente porque seguía la ola de calor y además quería llegar temprano a la ciudad de Laon para disfrutarla, porque sabía que iba a ser bonita, tenía una linda catedral y era algo distinto a lo que venía haciendo.
Me levanté a las 5:30, empecé a preparar las cosas y empecé a caminar con Johnny, con quien habíamos acordado el día anterior caminar juntos y arrancar a la misma hora.

Arrancamos a caminar tranquilos, sin apuros, sin presión, los dos empezamos a hablar y se fue pasando el tiempo bastante rápido. A eso de los 10 kilómetros hicimos una primera parada que necesitábamos, en una pequeña plaza dentro de un pueblo muy chiquito. Ahí nos sentamos en medio de la plaza – no había bancos, simplemente en el césped – descansando un poco.
Después de eso seguimos caminando, y la verdad, los dos juntos hablando tranquilos hicieron que el día pasara relativamente rápido. Aunque en total fueron 30 kilómetros. Iba todo bien, más o menos bastante plano, lo único que al llegar a la ciudad de Laon, en los últimos kilómetros, había una subida importante en la que me quedé bastante sin aliento cuando llegué al final y tuve que tomar un descanso.

Lo hermoso fue que cuando llegué ahí arriba, al descanso, ya se veía la ciudad: el pueblo murallado. Laon fue la primera capital de Francia, una ciudad con una historia extraordinaria que se eleva majestuosamente sobre una colina.
La catedral gótica de Laon inspiró a Notre-Dame de París, y es donde se encuentran el Camino de Santiago y la Vía Francígena. Ya se veía todo más o menos cómo iba a ser la ciudad antigua. Caminé todo al lado de la muralla, muy bonito, hasta llegar a la ciudad. Se veía un mirador porque estaba elevado en una colina, con viñedos superbonitos alrededor.

Una vez que llegué a la ciudad, estaban las calles del centro adornadas con paraguas arriba y con adornos que quedaba muy bonito. Llegué directamente a donde me iba a hospedar: la casa de Madame Tudour.
Una señora de unos 85 años me recibió, la verdad muy hospitalaria, con una habitación privada, un baño, y me comentó que al otro día me prepararía un desayuno. Súper bien. Después descansé un poquito y me fui a visitar la catedral y a pasear un poco por la ciudad.

La Catedral de Notre-Dame de Laon fue construida a partir de 1155 y su construcción duró aproximadamente cincuenta años. Fue la catedral que se construyó primero, antes que la catedral de Notre-Dame de París, y en la que se basó la famosa catedral parisina.
Después compré algo para cenar, me fui a dormir y ya está. Fue un día perfecto, combinando el desafío físico de los 30 kilómetros con el descubrimiento de una ciudad histórica extraordinaria.
Día 17: Hospitalidad y 45 kilómetros de resistencia
Un día que superó todas las expectativas
El día 17 comenzó levantándome en la casa de Madame Tudour, donde me había hospedado. Ella ya me esperaba con el desayuno a las 7 de la mañana. Desayunamos juntos y luego me despedí de ella para arrancar a caminar.
Lo gracioso es que estaba a punto de salir por la puerta de entrada de la casa y me di cuenta en el momento, de que no le había pagado. Ella tenía un precio – generalmente se pagaba 35 euros por hospedarse la noche con ella. Volví y le dije que me había olvidado de pagarle, que no le había pagado. Me dice que no hay problema, que generalmente acepta 35 pero que no había problema. En ese momento le dije que no, que obviamente iba a pagar, y le pagué los 35 euros.

Una vez habiéndole pagado, empecé a caminar. Ese día, por algún motivo, me sentía muy bien – no sé si sería por el hospedaje de Madame Tudour o por qué particularmente, pero me sentía muy bien.
Comencé a caminar unos 10 kilómetros hasta que llegué a un lago muy bonito, con un puente de madera para cruzar, solo para peatones. Entonces ahí decidí pararme, y justo en ese momento también estaba descansando Johnny, el chico estadounidense, el otro peregrino, así que descansamos un rato juntos, 20 minutos, y empezamos a seguir caminando lo que quedaba juntos.

El camino era tranquilo, entre bosques principalmente – hoy no había mucho campo (por suerte). A la hora y media encontramos otra parada: un café restaurante en el medio de un parque donde decidimos parar a tomar una cervecita, unas papas fritas y después un helado de postre. Hicimos una buena parada de una hora ahí, para descansar bien, nos sacamos las zapatillas y después continuamos viaje.
En ese mismo parque había restos de abadías, e incluso en el camino anterior que habíamos hecho dentro del bosque era un camino de abadías donde, perdidos dentro del bosque, se veían bastantes restos de diferentes abadías.

Después de esto seguimos caminando. Quedaban unos 10 kilómetros para el siguiente pueblo, que era el teórico fin de etapa del día de hoy: Corbeny. Él ya tenía su hospedaje ahí, pero yo quería continuar un poco más.
Cuando llegamos a Corbeny, decidí ir directamente al supermercado para comprar un par de cosas para el día de hoy y para el día de mañana, para tener todo.
Después de hacer las compras, me despedí de Johnny – no lo iba a ver por unos cuantos días – y continué caminando lo que en teoría iba a ser mi parada: el siguiente pueblo, unos 4 kilómetros. Una vez empecé a caminar hacia el siguiente pueblo vi que no había ningún lugar posible para acampar. Entonces desde ahí decidí seguir caminando. Había un bosque, pero tampoco en el bosque era posible acampar, y así seguí caminando unos 12 kilómetros más hasta el próximo pueblo Berry-Au-Bac, que era el fin teórico de la etapa del otro día.

Ahí sí encontré un lugar para acampar al lado de un campo de fútbol. En definitiva, llegué a las 18:30 de la tarde habiendo salido a las 7:30 de la mañana, caminando un total de 45 kilómetros ese día – mi récord personal hasta el momento en la Vía Francígena (y en mi vida).
Día 18: Rumbo a Reims entre viñedos
35 kilómetros hacia la capital del Champagne
Hoy iba a ser otro día largo, de unos 35 kilómetros, para llegar del pueblo donde estaba, Berry-Au-Bac, hasta Reims, que es una ciudad importante de Francia. Nuevamente decidí levantarme temprano, a eso de las 6:30 de la mañana, desarmar toda la tienda, principalmente porque había visto que había un café cerca de donde había acampado que abría a las 7 de la mañana.
A las 7:00 de la mañana entré al café, me tomé un café con leche para desayunar tranquilo, fui al baño y luego a eso de las 7:15 empecé a caminar. Hoy el día iba a ser más que nada viñedos, camino tranquilo, y lo iba a estar pasando prácticamente solo porque Johnny ya había quedado atrás. Lo único es que hoy ya estaba acordado que me iba a encontrar con Gioia a la noche y nos íbamos a quedar en el mismo lugar.

Hoy el día era caminar entre viñedos – esta zona ya empieza a ser zona de viñedos – y pequeños bosquecitos. Caminé unos 15 kilómetros y decidí hacer una parada en un pueblo donde tenían un supermercado que ya había visto, perfecto para comprar un par de cosas más para el camino.
Después de la parada fue nuevamente caminar entre viñedos, algunos campos de trigo y algún que otro bosquecito, y poco a poco ir llegando a lo que era la ciudad de Reims.
Reims es el lugar donde se elabora el champagne, el vino más famoso del mundo, en Champagne, la tierra que le da nombre, donde viñedos y bodegas son Patrimonio de la Humanidad.
La entrada a la ciudad me sorprendió muchísimo porque no era una entrada típica de pavimento o parque industrial como generalmente pasa, sino que era por un canal, un río que llevaba todo hasta lo que era más o menos el centro de la ciudad. Únicamente había que hacer los últimos 500 metros hasta llegar a la catedral en lo que era ciudad propiamente dicha.

Llegué a la ciudad e inmediatamente lo primero que hice fue ir a la catedral de Reims, que es enorme, muy bonita la verdad. Esta maravilla gótica de la arquitectura pertenece a los monumentos listados por la UNESCO como patrimonio mundial. La ciudad ya es grande, pero la catedral es realmente impresionante.
Entré a hacer un par de videos y fotos, puse el sello de la catedral, e inmediatamente después me encontré con Gioia, después de unos 10 días más o menos sin verla. Habiamos alquilado un Airbnb, cada uno una habitación.
En ese momento fue ponerse al día, hablar un poco y después tomar un autobús para ir al barrio donde estábamos hospedándonos, para terminar de ducharnos, descansar, comer y prepararnos para el día siguiente.
Día 19: La región del Champagne
25 kilómetros entre viñedos y molinos
Hoy comenzó otra etapa del viaje donde dejamos Reims. Me desperté a las 6:30 de la mañana, a las 7 comenzamos a caminar fuera de Reims, y hoy lo que tenía de diferente es que entramos a una zona más que nada de viñedos: la zona de Champagne de Reims.
Hoy comenzamos a caminar de nuevo con Gioia – los próximos días van a ser ya varios días con Gioia caminando. Hoy la idea era hacer unos 25 kilómetros. Al principio fue todo por el canal, lo mismo que fue la entrada a Reims. Caminamos unos 10 kilómetros más o menos hasta llegar a un pueblo donde había una panadería donde decidimos parar a tomar un café y comer algo.

La verdad que fue una parada excelente porque estuvimos unas dos horas, porque el café-panadería era muy bonito y pudimos disfrutar y descansar.
Luego de esa parada técnica para reponer fuerzas, decidimos volver a caminar y el camino continuaba ahora sí todo el tiempo entre viñedos: viñedos de un lado, viñedos del otro, por todos lados. La verdad muy bonito. Incluso en un momento se veía un molino a lo lejos que llegamos y lo pasamos de largo – era un molino de Mumm, aparentemente la marca de champán.
Se dio todo el día así, caminando con Gioia hasta que a la 1 de la tarde llegamos a un pueblo donde tenía un pequeño supermercado y una panadería. Ya habíamos visto que cerraba a la 13:30, entonces llegamos justo antes de la hora de cierre, compramos algo para comer, algunas que otras cosas para el otro día también, y nos sentamos – tenían unas mesitas afuera – para aprovechar almorzar y descansar un poco. Quedaba otra hora y media más o menos de camino.

Una vez hecha la parada para almorzar, continuamos caminando. El sendero siguió bien: primero viñedos, después se metió en un bosque donde aparentemente teníamos que hacer una ruta, pero el GPS decía una cosa, la señalización decía otra.
Nosotros, incluso para ir a acampar donde pensábamos hoy, nos desviamos un poco de lo que es el camino oficial, entonces teníamos que tomar otra ruta, con lo cual nos perdimos un poco y pasamos por entremedio de todo el bosque sin un sendero específico – no fue mucho, unos 10 minutos atravesando el bosque.
Una vez salimos del bosque, volvimos de nuevo a lo que es el camino normal con viñedos de un lado y viñedos del otro, y de ahí ya quedaban unos 2 kilómetros más o menos hasta lo que era el pueblo donde nos íbamos a quedar hoy: Trépail.
Súper bonito, era un pueblo entre viñedos absolutamente, y justo en la cima tenían un campo de fútbol. Subimos una pequeña colina hasta el campo de fútbol, ahí al costadito ya nos pusimos a descansar, y un poquito más tarde, esperando dos horas a que se haga un poco más tarde, armamos la tienda sin ningún problema.
Día 20: Lluvia torrencial y hospitalidad extraordinaria
Un día que puso a prueba la resistencia
Hoy nos despertamos a las 6 de la mañana con una lluvia que venía cayendo desde las 4 de la mañana. Sabíamos que iba a ser un día complicado con lluvia, pero no pensábamos que iba a llover tan temprano. Intentamos desarmar la tienda lo más rápido que pudimos, y a eso de las 6:30 de la mañana ya estábamos caminando debajo de la lluvia para llegar lo más posible al próximo pueblo donde sabíamos que había una panadería para calentarnos con un café y algo caliente para tomar y comer.
Después de unos 7 kilómetros más o menos, una hora y media caminando, llegamos al café del pueblo. Nos sentamos tranquilos debajo de un techo, el único refugio que había, y nos sentamos a tomar un café y algo para comer. Después de unos 15 minutos descansando un poco, comenzamos a caminar de nuevo.

Al cabo de 2 kilómetros había lo que debería ser el camino original, que era junto a un canal, pero nosotros decidimos tomar la carretera, ya que como estaba lloviendo hacía varias horas e iba a seguir lloviendo, probablemente iba a estar todo embarrado. Por eso decidimos seguir por la carretera y desviarnos un poco de lo que sería el camino original.
No fue mucho lo que nos desviamos – a los pocos kilómetros, unos 5 más o menos, volvimos a lo que era nuevamente el camino original. Ya entrando a un pueblo, ahí decidimos parar nuevamente en una iglesia donde teníamos refugio porque seguía lloviendo un poco, hacía viento y estaba frío. Entonces ahí decidimos parar para comer, almorzar y empezar a ver dónde podíamos hospedarnos esta noche.
El plan original era acampar libremente, pero como se venía lluvia por la noche también, y al día siguiente iba a ser otro día de lluvia, decidimos empezar a llamar a distintas casas y habitaciones, lugares que hospedaban peregrinos, para ver si podíamos hacer algo.

Inicialmente no pudimos encontrar nada, ya que estaba todo ocupado, pero afortunadamente llamamos a una casa de hospedaje familiar de peregrinos que nos comentó que tenían unos amigos que nos podían hospedar, así que esta noche teníamos cama y techo.
Después del almuerzo continuamos caminando al lado del canal hasta llegar los últimos 5 kilómetros a Châlons-en-Champagne, donde nos íbamos a quedar esta noche.
Como fue todo el día un poco cansador y caminamos bastante sobre carretera, la verdad tenía un poco el pie que me dolía muscularmente y estaba caminando un poco rengo, pero llegamos al pueblo. Vimos la catedral de San Esteban, después fuimos a la catedral de Notre-Dame, y después llegamos directamente a la casa donde nos iban a hospedar.

Nos recibieron muy bien, con un café primero y unas galletas. Después nos mostraron la casa donde nos íbamos a quedar, comenzamos a ducharnos, preparar las cosas, comprar algo en el supermercado para los siguientes días.
Luego a las 19:30 fue la cena: primero fue un aperitivo de champagne con algunas nueces, y luego fue la comida que era coliflor con una salsa blanca, carne, ensalada, melon con jamon, incluyendo vino y todo (La verdad completísimo).
Ya todo esto se hicieron como las 21:00 de la noche y ya era horade ir a la cama y despedirnos de este día, que la verdad tuvo una acogida muy buena, mi primera vez en hospedaje de casa de familia.
Día 21: Diluvio y rescate providencial
El día más desafiante hasta ahora
Hoy nos despertamos temprano también, a eso de las 6 de la mañana, porque sabíamos que iba a llover. Habíamos visto el pronóstico y en teoría iba a llover bastante, diluviar incluso, con tormenta a eso de las 2 de la tarde. Entonces la idea era arrancar temprano, a eso de las 6:30 de la mañana, para al mediodía encontrar algún lugar, pueblo donde pudiéramos refugiarnos durante la tormenta.
Desayunamos con Bridget, que era la mujer que nos había hospedado, nos dio café, croissants y tostadas, y arrancamos a caminar a eso de las 7:00. El día estaba bien, nublado, no estaba mal, pero sabíamos lo que se avecinaba.
Hoy el camino se bifurcaba en 2 alternativas, una es la GR145 oficial que esta marcada en todos los mapas y guias de la Via Francigena, y otra es la Via Romana, que es la antigua y original ruta de la Via Francigena, pero que hoy en dia no está ni señalizada, ni marcada como ruta alternativa.

La GR145 oficial serian 3 días de camino, siendo un poco más larga y la Via Romana 2 dias.
De todas maneras en base a consejos de la familia y a un libro que conseguimos en Reims de la federación francesa de la Vía Francigena que tiene esta alternativa y vimos que había casas de familia como hospedaje, decidimos ir por la Vía Romana.
Al cabo de unos 5 kilómetros, una hora más o menos, cada vez se iba poniendo más negro el cielo. Sabíamos lo que se avecinaba. Empezó a llover poquito a poco, entonces paramos debajo de un árbol, nos pusimos los ponchos y las chaquetas para cubrirnos de la lluvia, y seguimos caminando.
Justo en ese momento empezó a llover y a diluviar bastante fuerte, así que estábamos caminando prácticamente todos mojados. Las zapatillas y los calcetines estaban totalmente mojados – era como caminar en un lago. Así fueron unos 5 kilómetros en carretera hasta llegar al siguiente pueblo donde había una panadería donde pensábamos parar.

Seguía lloviendo fuerte. Entonces en el momento que llegamos al pueblo vemos que en la iglesia hay una parada de autobús donde nos podíamos refugiar. Gioia ya decidió quedarse ahí para empezar a secarse, y yo fui a la panadería a comprar café y dos muffins para comer y calentarnos un poquito.
En cuanto volví, ya empecé a sacar todo, a sacarme la ropa porque estaba toda totalmente mojada, en la parada de autobús, y tratar de secar todo. Seguía diluviando fuerte. Puse una cuerda en la parada de autobús, en el techo, para secar toda la ropa, aunque no se secó mucho. Un invento del momento para intentar secar la ropa.
Ahí estuvimos como 3 horas esperando a ver si paraba. Gioia estuvo trabajando un poco, pero la verdad que no paraba. Paraba un poquitito 5 minutos quizás, pero después arrancaba fuerte, y el pronóstico de tormenta todavía seguía para eso de las toda la tarde.

No había manera de que pudiéramos caminar porque nos quedaban unos 15 kilómetros más hasta el pueblo donde pensábamos quedarnos.
Entonces lo que empezamos a hacer fue llamar a ver si alguna casa de familia, hospedaje, era posible no solo que nos puedan hospedar, sino que también si amablemente podían irnos a recoger a la parada de autobús.
Fue entonces que Gioia tuvo suerte y llamó a una familia en el pueblo de Coole que muy amablemente dijeron que no podíamos caminar con este tiempo y que nos fueron a buscar. Estaba a unos 12 kilómetros la casa de ellos de donde estábamos nosotros, así que a la media hora después que llamamos, fueron a recogernos con el coche e incluso después nos llevaron a una farmacia.
Después fuimos a la casa directamente, donde fuimos muy bien acogidos. Nos dieron una habitación, duchas que realmente necesitábamos, incluso nos dejaron usar la lavadora para lavar toda la ropa mojada que estaba, y secar todo. Fueron muy amables. También nos dieron cena y desayuno, e incluso conocimos al hijo y a las nietas que fueron a cenar.

Ese día fue un poco caótico la verdad. Si bien caminamos unos 15 kilómetros únicamente, fue durante la lluvia. En el momento de la parada de autobús, al sacarme toda la ropa porque estaba toda mojada, adentro de la mochila no tenía nada seco. La verdad que estaba prácticamente desnudo, y hubo momentos en que estaba temblando de frío.
Entonces, si bien no fueron muchos kilómetros, fue algo que cansó mucho más que cualquier otro día. Una vez después terminamos de cenar fue descansar, dormir y empezar a pensar en el siguiente día, que también estaba pronosticada lluvia, pero mucho menos que el día de hoy.
Reflexiones de la tercera semana
Esta tercera semana en la Vía Francígena fue una lección magistral sobre la naturaleza impredecible de la peregrinación y la importancia de la comunidad humana en los momentos más desafiantes.
Los extremos climáticos – desde las olas de calor agobiantes que me obligaron a madrugar para evitar el sol hasta los diluvios torrenciales que me dejaron empapado y temblando de frío – me enseñaron que la flexibilidad y la adaptación son tan importantes como la resistencia física.
Pero lo que más me impactó fueron los encuentros humanos. Desde la hospitalidad de Madame Tudour en Laon, una señora de 85 años que me recibió como a un nieto, hasta la familia de Coole que nos rescató bajo la tormenta sin conocernos de nada, pasando por la compañía de Johnny y el reencuentro con Gioia. Estos encuentros me recordaron que la Vía Francígena no es solo un camino físico, sino una red de conexiones humanas y en donde empecé a tener otra visión del camino, donde la comunidad y la compañía pueden cambiar tu día en cualquier segundo.
La visita a ciudades históricas como Laon, la primera capital de Francia, y Reims, corazón del Champagne, me conectó con la profundidad histórica de Europa. Caminar por los mismos senderos que han recorrido peregrinos durante más de mil años, ver catedrales que inspiraron a otras catedrales, atravesar viñedos que producen el champagne más famoso del mundo – todo esto le dio una dimensión cultural y espiritual única a la experiencia física del camino.
El récord personal de 45 kilómetros en un solo día me demostró que mis límites físicos eran más amplios de lo que creía, pero también que la verdadera fortaleza viene de la combinación entre preparación física, determinación mental y, sobre todo, la solidaridad con otros peregrinos.
Esta semana me enseñó que en la peregrinación, como en la vida, no siempre podés controlar las circunstancias, pero si como adaptarte a ellas y sobrevenir cualquier dificultad que se te impone en el dia a dia.
