Mi experiencia en la Vía Francígena – Semana 7: El Gran San Bernardo y la entrada a Italia

Prólogo: El corazón de los Alpes y la puerta de Roma

La séptima semana de mi peregrinación por la Vía Francígena representó el momento culminante de todo el viaje hasta ahora: el ascenso al Paso del Gran San Bernardo, a 2,473 metros sobre el nivel del mar, el punto más alto de toda la ruta y el cruce histórico más importante de los Alpes.

Este paso milenario ha sido testigo del tránsito de innumerables peregrinos, ejércitos, comerciantes y viajeros desde tiempos romanos. Aca, en el año 25 a.C., se levantó un templo dedicado a Júpiter Penino, dios de las cumbres. En 1035, San Bernardo de Menthon construyó un hospicio para rescatar y asistir a peregrinos perdidos en las tormentas de nieve que, durante nueve meses al año, convierten este paso en una trampa mortal. Aquí nacieron los famosos perros San Bernardo, entrenados para rescatar viajeros sepultados por avalanchas.

Esta semana marcó también el adiós a mi novia, la despedida definitiva de Suiza después de 10 días intensos, el reencuentro con compañeros de camino (Johnny, Gioia, y nuevos amigos), y finalmente, el ingreso triunfal a Italia – el último país antes de Roma, la meta que llevaba persiguiendo desde Canterbury.

Día 43: Última despedida en tierra suiza

20 kilómetros bordeando el Lemán y adentrándose en las montañas

Hoy era el último día en Suiza con mi novia, que se despedía y se volvía para trabajar. A eso del mediodía tenía el tren. Así que lo que hicimos fue despertarnos tranquilos a eso de las 8 de la mañana, desayunamos, nos tomamos nuestro tiempo pasándolo juntos en las últimas horas posibles. Al mediodía también empezamos a desmontar la tienda, almorzamos juntos, y después, ya la acompañé a la estación de tren que era unos 5 minutos caminando, para que nos despidiéramos. De vuelta, vuelvo a caminar solo.

Antes de despedirnos del camping, una familia alemana que estaba justo al lado nuestro – tenían tres hijas – y una de las chicas que tenía 10-11 años nos hizo un dibujo de nosotros dos pintado, muy bonito la verdad. Así que lo tenemos como recuerdo también.

Una vez me despedí de mi novia, lo que tocaba ahora era volver a caminar. Eran unos 20 kilómetros el día de hoy. Así que me despedí y arranqué. Ya habíamos almorzado, así que arranqué a caminar directamente.

El día era todo alrededor del lago nuevamente. Seguía unos 10 kilómetros hasta que finalmente termina el lago y ya me metía para las montañas. Así que los primeros 10 kilómetros fue todo alrededor del lago. Pasé por una ciudad – Montreux – después por el castillo de Chillon, bonito la verdad, hasta que al final, después de 10 kilómetros, llegué al final del Lago Lemán y empecé a meterme ya para adentro, para lo que es la montaña.

Quedaban unos 12 kilómetros más y por primera vez empecé a notar un cambio de paisaje de lo que era el lago, a lo que ahora era un poquito más de montañas que se veían a lo lejos. El paisaje del camino no era muy bonito porque iba o por carretera, o al lado de carretera, o al lado de las vías del tren, por lo cual la verdad que no fue muy bonito. Seguía, si bien seguía siendo plano, y fue todo así hasta llegar a la ciudad de Aigle, que es donde me pensaba quedar.

Llegué a eso de las 6 de la tarde. Donde me iba a hospedar hoy era una iglesia que ya había arreglado, donde era hospedaje a donativo. Para encontrar la llave fue un poco complicado porque, si bien me habían mandado un correo con una foto, no entendí bien. Además no tenía internet, por lo cual no podía traducir en el momento bien porque me lo habían escrito en francés.

Entonces estuve como media hora intentando saber cómo poder encontrar la llave para abrir, porque me dijeron que me iban a dejar la llave en algún lugar, que no podían recibirme. En cuanto pude entrar, era una habitación bastante sencilla: una cama y nada más básicamente, alguna que otra comida o té, café, y ya está. Tenían un baño pero afuera, y no tenía ducha – era bastante sencillo la verdad, pero suficiente.

Como no tenía internet, el resto del día lo pasé en el supermercado o en la estación de tren para hacer las compras y para «robar» Wi-Fi, para estar conectado y trabajar. Una vez termine, volví a las 8 de la noche para cenar. Así que cené y ya me fui a dormir en Aigle, habiendo pasado de nuevo un día solo, despidiéndome de mi novia.

Día 44: Encuentros bonitos y subidas graduales

18 kilómetros preparándose para los Alpes

A la mañana, saliendo de Aigle, me encontré con una pareja que me vieron con la mochila y me pararon. Me quedé hablando más que nada con la mujer. Ella hablaba español, me comentaron que vivian en Aigle, locales, pero cada tanto hacen la Vía Francígena, lo van haciendo por partes.

Me quedé hablando unos 15 minutos con ella porque hablaba bastante bien español. Le conté que era argentino, que estaba haciéndolo toda la Via Francigena, y hablando entre una cosa y otra, me dijo que estaba viendo de hospedar a peregrinos porque era algo muy bonito. Le dije que sí, que le recomendaba, que me había quedado en hospedajes de familia y la verdad que es algo totalmente distinto. Fue otro encuentro bonito del día.

Una vez me despedí, empecé a continuar mi camino, lo cual hoy ya dejaba de ser plano y empezaba a ser un poquito más de subida y bajada.

El día continuó subiendo y bajando, algunos bosquecitos muy chiquititos, pero más que nada era alrededor y al lado de viñedos, subiendo y bajando, subiendo y bajando – más subiendo que bajando obviamente, porque ya poquito a poco tenía que entrar a los Alpes – pero más o menos continuaba así hasta que de repente llegué a un pueblito y ya dejó de ser tanto subida y bajada de viñedos, sino que comenzó a ser al lado de un río, caminando unos cuantos kilómetros.

Luego de pasar por el río – que fueron unos 3 kilómetros – fue de nuevo pasar por al lado de las vías otros 3 kilómetros. El paisaje hoy fue un poco monótono: algunos viñedos pero no mucho más. En total eran 18 kilómetros que hacía hoy, y por algún motivo no hice ninguna parada, sino que lo hice todo recto caminando sin ninguna pausa ni parada. No me dolían las piernas, así que aproveché y seguí caminando.

Cuando llegué a Saint-Maurice, lo primero que hice fue visitar la abadía, la catedral, y la oficina de turismo para que me pongan el sello. Una vez hice todo eso, empecé a caminar a la estación de tren y después al supermercado para tener Wi-Fi (comunicarme con mi gente) y para hacer las compras.

De todas maneras, me tuve que quedar ahí un par de horas porque el día de hoy no me iba a quedar en un albergue, sino que me iba a quedar en una iglesia atrás de la estación de tren, arriba de la montaña, unos 100 metros de altura, que ya sabía que se podía hospedar, que tenían un banco para dormir a la intemperie.

Habiendo hecho las compras, a las 7 de la tarde empecé a subir a este lugar, a la iglesia de Notre-Dame-du-Scex donde tenían un banco para dormir.

Me acabo de encontrar con un francés en la cima de la montaña de Saint-Maurice, en la iglesia donde me voy a quedar. Me dijo que venía cada 7 años acá – es de Francia, de la zona donde está el Mont Blanc y soy el primer peregrino que encuentra. Estuvimos hablando unos 15minutos acerca del camino, peregrinaje, caminar y la vida.

Me dijo que acá obviamente no iba a haber ningún problema para dormir, que incluso está todo preparado con mantas y todo para que puedan dormir, y que servía como de alguna manera un refugio para peregrinos. Así que perfecto, un buen encuentro.

Después de este encuentro empecé a comer, a hacer la cena – ya eran como las 7:30 u 8 de la noche – había llovido, había subido un poquitito pero nada importante. Así que a las 7:30-8:00 cené, ya me acomodé la cama, y después ya directamente para dormir. No subió nadie más, así que pude dormir perfectamente.

Día 45: Cascadas y alpacas en el camino

17 kilómetros de sorpresas naturales

Como la iglesia estaba abierta y yo había dormido directamente en un banco abiertamente con un pequeño techito, decidí hoy a la mañana despertarme a las 6, de manera que si alguien quería venir a la iglesia a rezar o una visita, no tenía que ver un peregrino durmiendo. Entonces me desperté a las 6 de la mañana, recogí todo, y a eso de las 6:30 empecé a bajar para comenzar a caminar. Justo cuando estaba bajando me encontré con dos personas, así que supe que tomé una buena decisión al salir temprano.

Hoy la etapa eran unos 17 kilómetros y la verdad que tenía buena pinta. Empecé a caminar, primero al lado de las vías y la carretera por unos kilómetros, hasta que de repente empezó a ser un poquito más campo. De hecho, en un momento estaba al lado de unas vacas – le di de comer a una y de repente empezaron a venir todas como locas para que les dé de comer.

Seguí caminando al lado de la carretera – si bien no era en la carretera en sí, era un camino al lado de la carretera – pero se escuchaban los coches todo el tiempo. La verdad que esto no me gusta mucho, pero bueno, es lo que toca.

Seguí caminando, hasta que de repente estoy llegando a un pueblo y me encuentro con que hay tres alpacas encerradas como en un corralito. Estaban bastante cerca, le di de comer a una, y seguí el camino.

Después de las alpacas, esta vez ahora sí ya por al lado, al lado de la carretera por un par de kilómetros, hasta que de repente me meto en un pueblo y al fondo, al fondo, se ven unas cascadas increíbles saliendo de la montaña. Se llaman las cascadas de Pissevache, y esas cascadas de repente, de la nada, aparecen.

Me acerqué porque incluso el camino de la Vía Francígena pasaba por ahí. Me paré un poquito a descansar, y después seguí mi camino.

Lo que seguía después de la cascada era un pequeño bosquecito – no tan grande – que se alejaba de la carretera, así que por unos 20 minutos, tuve un poquito más de aire fresco, de bosque, árboles y verde, y no tanto ruido sonoro.

Una vez pasé el pequeño bosquecito, volvía nuevamente al lado de la carretera, pero no había tantos coches. Y así fue hasta llegar a Martigny, que en teoría es el fin de la etapa de hoy: de Saint-Maurice a Martigny, unos 17 kilómetros. Pero yo no sabía qué iba a ser la verdad, porque no había buscado hospedaje, quería ver a ver si podía acampar libremente, pero la verdad que era bastante difícil.

No sabía si seguir unos 10 kilómetros más hasta otro pueblo donde aparentemente había un bar donde dejaban hospedarse a peregrinos con tienda de manera gratuita, o quedarme en Martigny. Al final decidí quedarme en Martigny – había un albergue parroquial.

Más que nada decidí quedarme porque no tenía ganas de caminar unos 10 kilómetros más. Estaba bastante bien, pero la verdad no tenía ganas ni necesidad de seguir caminando. El albergue parroquial salía 20 euros pero estaba muy bien – fui el único que me hospedé, tenía la lavadora incluida e como frutillita del postre, tenía un desayuno incluido con los curas al día siguiente.

De la otra manera, si bien el camping o el bar donde me hubiera hospedado a 10 kilómetros más sería gratuito, no tenía nada de eso, así que la verdad creo que tomé una buena decisión.

Después de registrarme – a eso de las 2 de la tarde -me duché, lavé la ropa, fui a pasear un poco por la ciudad para conocer un poco. Intenté ir al supermercado, pero cuando quise ir eran después de las 5 de la tarde – eran 5:30 – y cerraban a las 5, cosa que no entiendo la verdad como puede ser que cierren tan temprano. Pero por suerte en el albergue había comida, había pasta, así que pude cenar y ya directo a descansar para al día siguiente comenzar de nuevo.

Día 46: Camino al corazón de los Alpes

Subiendo hacia Orsières

Hoy me desperté a las 7:30 de la mañana, porque a las 8 ya había organizado con los curas en el convento de la iglesia donde me había quedado para desayunar – que te ofrecían un desayuno incluido en lo que era el precio del alojamiento donativo, que eran 20 euros.

Me desperté, preparé todo, fui a desayunar con los curas. La verdad muy amables, no hablaban mucho inglés, yo no hablaba mucho francés, pero lo suficiente para intercambiar algunas palabras. Después de desayunar, volví para agarrar todas las cosas y arrancar a caminar.

El día de hoy va a ser todo subida. Arrancaba lo que iba a ser la subida poco a poco diaria a los Alpes suizos, al paso del Gran San Bernardo. Hoy eran en total unos 600 metros, hasta el final de la etapa que era Orsières – de Martigny a Orsières.

Entonces arranqué a caminar saliendo de la ciudad, y poquito a poco empezó la subida. Primero fue pasar debajo de un puente de las vías, e inmediatamente después era como una colinita. Cada tanto tenía algunas estaciones como de ejercicios para hacer al aire libre – entonces tenían una explicación de qué ejercicio hacer y unas tablitas de madera para utilizar como herramientas para hacer los ejercicios. Me pareció bastante buena idea, saludable.

Justo en esa subida encontré un palo perfecto para los siguientes días para ayudarme en la caminata. Un palo bastante duro, largo y bien grueso que me iba a ayudar para hacerme apoyo para la subida de lo que se venía los siguientes días.

Inmediatamente después de la subida esa tenía que bajar un poquito para pasar por un río, por un puente que la verdad estaba súper bonito – se movía pero incluso se veía abajo el río, y a los costados las montañas – súper bonito ese puente la verdad.

Después de esto tocó nuevamente una parte al lado de la carretera directamente, unos 20 minutos, así que fue momento para poner la música y empezar a escuchar algo. Después de esa parte de la carretera, siguió por un caminito hasta encontrar – justo antes de una subida que se venía – un pequeño refugio, un techito, tenía agua potable también y unos bancos.

Así que decidí pararme ahí y sentarme, descansar por primera vez – que habían pasado ya unas 2 horas. Me tomé una horita para descansar, comer algo, recuperar fuerzas para la siguiente subida.

Una vez pasado el descanso, decidí que era hora de volver a caminar. Lo que me esperaba era la subida más importante: pasados unos 5 minutos de empezar a caminar, empezaba la subida que era en 200 metros, 100 metros de subida, lo cual es un montón.

Algo que no había mencionado es que hoy era el día festivo Nacional de Suiza, por lo tanto muchos locales iban a estar cerrados. Lo que yo no sabía verdaderamente era cuáles iban a estar abiertos y cuáles iban a estar cerrados, porque no aparecían en Google Maps bien especificado. Entonces tenía la esperanza de que en Sembrancher, que era el primer pueblo que iba a ver, encontrar un supermercado abierto.

Luego de esta subida, unos 2 kilómetros más, estaba la ciudad de Sembrancher. Llegué ahí, fui al supermercado Migros que era el que tenían ahí – abierto en teoría según Google maps – y llegó mi sorpresa cuando decido entrar y está todo completamente cerrado.

En ese momento no sabía bien qué hacer porque mi idea era comprar algo ahí – no tenía mucha comida. Justo veo que hay un bar enfrente que estaba abierto, así que me acerco y le pregunto si podía comer y tomar algo. Me dice que estaban por cerrar, que cerraban a la 1 – yo había llegado 1 menos 10 – y le digo si por favor me puede hacer un sánguche y una cerveza y si me puedo sentar.

Entonces almorcé, un poco caro me salió – unos 10 euros – pero por lo menos tenía algo para comer, porque prácticamente si no, no tenía nada y tenía que hacer unos 7 kilómetros más.

Una vez recuperado fuerzas con el sándwich de jamón y queso, y la cerveza – que era bastante cara pero era lo único que había – comencé a seguir el camino, que seguía subida. Yo pensé que ya estaba, pero no, la subida seguía y seguía – entre un poquito de campo, verde, montañita, pero arriba, arriba casi todo el tiempo – hasta que finalmente llegué a Orsières.

Tuve unos – bueno, como dije al principio – unos 600 metros de desnivel el día de hoy. Finalmente llegué a Orsières, y ya había arreglado con el hospedaje – había pagado incluso anteriormente, salió unos 15 euros – y me indicaron un código. Entonces ya directamente llegué ahí, puse el código y ya estaba en el albergue perfectamente.

Una vez instalé todas mis cosas, me pegué una ducha, y ya estaba todo limpito y ordenado. Fui al centro de la ciudad donde aparentemente había un supermercado abierto hasta las 5 de la tarde. Así que decidí aventurarme – eran solo unos 5 minutos caminando – y para mi sorpresa era verdad, estaba ahí el supermercado abierto hasta las 5 de la tarde.

Así que fui ahí, compré algunas cositas para el día de hoy, para el día de mañana.

Al volver me encontré que había otro peregrino: Lorenzo, un italiano, que hoy iba a ser su primera noche. El día de mañana iba a ser su primer día arrancando en la Vía Francígena – que iba a ser unas 10 etapas más o menos.

Así que para mi sorpresa, un compañero que no esperaba a esta altura tener otra persona en el albergue la verdad. Y al día de mañana iba a ser un compañero que iba a caminar casi todo el día. Así que lo que quedaba del día, descanse, cené pasta con la cerveza que había comprado, y me despedí para el día de mañana.

Día 47: Reencuentros camino al Gran San Bernardo

15 kilómetros ascendiendo a 2,473 metros

Hoy me desperté a las 7 de la mañana junto con Lorenzo. Los dos nos despertamos más o menos a la misma hora, y cuando nos despertamos nos dimos cuenta de que estaba lloviendo un poco. Así que empezamos a desayunar y a esperar si la tormenta pasaba un poco.

Estuvimos esperando como media hora, una hora. Yo miraba el radar y veía que básicamente no iba a parar por dentro de una hora y media. Entonces, después de desayunar, nos acostamos de nuevo en la cama, descansando un poco, esperando a que la lluvia pase.

Después de una hora y media esperando, a eso de las 8:30 veíamos que ya más o menos había parado – podía llegar a caer un poquito más de lluvia, pero creíamos que estábamos suficientemente bien y no queríamos esperar más para salir a caminar. Entonces salimos a caminar los dos. Al cabo de unos 10 minutos efectivamente llovió un poquito, pero tampoco tanto – fueron como unos 10 minutos. Así que Lorenzo se puso el poncho, yo el cobertor para la lluvia, y seguimos caminando.

Inicialmente era una cuesta importante, pero el día de hoy iban a ser unos 15 kilómetros subiendo unos 800 metros.

Entonces arrancamos a caminar, y justo cuando ya habíamos subido bastante – habían pasado como unos 20 minutos – me pareció darme cuenta de que me había olvidado el power bank, porque no lo tenía donde usualmente lo tenía y no lo encontraba por ningún lado.

Así que en ese momento le dije a Lorenzo que me había olvidado del power bank, que tenía que volver a recogerlo sí o sí – no era algo que me podía olvidar. Empecé a bajar, él siguió caminando por su cuenta, yo volví, y justo pasó que un minuto después toco en otro lado de la mochila y me doy cuenta que lo había puesto en otro lado.

Entonces volví con alegría porque no tenía que hacer 4kilómetros más – media hora bajada, media hora subida de nuevo. Así que agarré el power bank, lo volví a poner en el lugar correcto donde siempre lo pongo, y continúe caminando hasta volverme a encontrar con Lorenzo.

A medida que vamos avanzando, cada vez el paisaje se tornaba mucho más bonito, mucho más verde, más montañoso. Ya estaba notando que estábamos entrando en los Alpes suizos, y era un paisaje increíble.

Si bien era subida, el paisaje lo ameritaba totalmente, y no te dabas cuenta, por el paisaje, la dificultad que tenías que subir todo el día.

Era caminar por camino de tierra, nada de carretera ni coche – al lado de ríos en la montaña, la verdad que era increíble – dejando atrás todo lo anterior que habían sido algunos días en carretera. Esto empezaba así ya a ser montaña y un cambio totalmente fresco.

A eso de unos 8 kilómetros llegamos al único pueblo donde íbamos a parar hoy antes de llegar al final: Bourg-Saint-Pierre. Ahí paramos a comer algo. Había un pequeño supermercado que la verdad era el único que iba a haber antes de llegar a los Alpes suizos, así que por las dudas compré un par de cosas – bastante caro la verdad, pero era lo único que tenía, no tenía otra opción.

Compré algo para comer para el día de hoy y potencialmente para el día de mañana, y después me quedé en un banquito con Lorenzo, sentado en el pueblo de Liddes, comiendo el almuerzo de hoy. Una vez terminamos – estuvimos una media hora más o menos – seguimos caminando los dos juntos, que fue casi todo el día así. Nuevamente, a caminar los últimos 6 kilómetros que nos esperaban para llegar al último pueblo Bourg-Saint-Pierre.

Habiendo pasado unos 15 minutos más o menos desde que dejamos el pueblo, de repente miro para atrás y empiezo a ver que Johnny, el estadounidense, estaba a unos 300 metros atrás nuestro. Entonces poquito a poco fui bajando la velocidad para que él nos alcanzase y podamos estar ahora los tres: Lorenzo, Johnny y yo.

Hacía varios días que no veía a Johnny – ya nos reencontramos para encontrar, para dormir juntos en Bourg-Saint-Pierre en el camping. Caminamos los últimos 5 kilómetros que quedaban, subiendo la mayoría obviamente, hasta llegar al pueblo.

Una vez llegamos al camping, nos dijo que iba a ser complicado que tengamos lugar para las tiendas, que a ver en recepción si podía dejarnos, aparentemente fue un error de comunicación por parte nuestra porque no le dijimos que habíamos enviado un mail. En cuanto le dijimos que no teníamos reserva nos dice que estaba complicado, que no tenía mucho lugar. Le digo que mi tienda puede tener a dos personas, que no hay problema, que nos ponemos en cualquier lugar.

Nos pone un lugar un poquito medio apartado, y decidimos dormir con Johnny esa noche para evitar que se sature el camping.

Montamos la tienda, pusimos todas las cosas, el saco de dormir y todas las cosas bien para dejarlo todo montado. El día era temprano, eran como las 2 de la tarde. Lo que también nos sorprendió es que había una estación de servicio que tenían un pequeño supermercado (muy pequeño), así que una vez montamos la tienda fuimos a comprar algunas cositas al supermercado para esa noche, y también tenía un poquito de cosas de reserva para el día de mañana en el paso del Gran San Bernardo, que iba a haber poco y nada o iba a ser muy caro.

Pusimos la tienda, fuimos al supermercado, y esperamos el resto del día. Al poco rato, a la una hora más o menos, llegó Gioia, Alessandro y Sophie, una chica de Estados Unidos que la conocí por primera vez pero que iba a seguir en el viaje con nosotros.

Fue como un reencuentro después de dos semanas más o menos sin verla. Esa noche estábamos todos juntos, cenamos, pasamos un buen rato comiendo, hablando, charlando, hasta que se hizo de noche, y ya suficiente por esta noche para dormir, que al día siguiente íbamos a llegar al paso del Gran San Bernardo.

Una cosa interesante del camping es que en la parte de la cocina y la sala de estar había todo un mural con una espiral con circulitos de las banderas de diferentes países que han estado por ahí y encontré la de Argentina de una persona de Bariloche. Lo cual no sé si es que ya una persona ha hecho el camino de la Vía Francígena y era argentina, o si una persona pasó por el camping y era de Argentina. Yo incluso creo más que es la segunda parte, y que ojalá quiero ser el primer argentino en completar la Vía Francígena de manera completa.

Día 48: La cima de Europa – El Gran San Bernardo

11 kilómetros, 900 metros de subida, 2,473 metros de altura

Hoy era un día bastante importante porque hoy era el día donde íbamos a llegar a uno de los hitos más importantes del camino de la Vía Francígena: llegar al paso del Gran San Bernardo, lo más alto que va a ser – unos 2,500 metros sobre el nivel del mar.

Nos despertamos a las 6:30 de la mañana, empezamos a desayunar, a prepararnos todo. Había llovido un poco en la noche, así que había un poco de rocío. Secamos la tienda lo que pudimos, desayunamos bien fuerte para empezar a caminar.

Ahora estábamos todos: Gioia, Johnny, Alessandro (el novio de Gioia), Sophie (una chica de Estados Unidos) y Arnold (otro hombre de Holanda). Había más gente que estaba haciendo la Vía Francígena – se habían juntado varias personas hoy.

Comenzamos a caminar. Lo que después de un rato nos dimos cuenta nosotros es que nos habíamos olvidado las toallas colgadas, así que eso fue un problema que ya tuvimos que resolver más adelante. Pero lo bueno es que el clima estaba bien – estaba fresco, soleado pero fresco – así que sabíamos que teníamos un buen día despejado para hacer la caminata, para subir al día de hoy al paso del Gran San Bernardo.

El camino de hoy iban a ser unos 11 kilómetros pero con una subida de unos 900 metros, así que era bastante duro, y ya lo sabíamos – el día corto pero más duro de lo normal.

La verdad que las vistas eran increíbles: era montaña, verde, no había ningún pueblo en el medio, ya empezaba a ser poquito a poco más rocoso, ríos a los costados.

En un momento hacemos una subida bastante importante, pero en el momento que llegamos arriba empezó a ser un poco más plano, y llegamos a lo que era la vista del lago importante: el Lago des Toules. Era bastante grande, con el color turquesa súper bonito, clarito.

Así que caminamos alrededor del lago bastante rato, pasando por un puente con un pequeño río, catarata que llegaba al lago. Después, en un momento, decidimos parar porque ya habíamos caminado unos 6 kilómetros, en una piedra que daba al lago – que la verdad era espectacular – para descansar un poco, comer algo, reponer fuerzas para lo que venía.

En un momento, en el medio de la naturaleza – ya habíamos pasado el lago – nos encontramos con dos marmotas jugando un poquito a la distancia, a unos 100 metros más o menos, las veíamos jugando, corriendo de un lado para otro, jugando entre ellas. La verdad bastante bonito – algo natural que no se ve, dos animales muy seguido así, jugando en la naturaleza sin más.

Después de eso seguimos caminando, y ya empezamos a ver que empezaba a haber más gente, tanto subiendo para el Gran San Bernardo como para el otro lado haciendo trekking de un día. Había gente en bicicleta también.

Seguimos subiendo, subiendo. En un momento nos encontramos con unas vacas totalmente salvajes – no estaban encerradas, estaban ahí al aire libre, a la intemperie, sin nada, salvajes directamente.

Ya los últimos 3 kilómetros siempre pensábamos que era la última subida, la última subida – cada tanto lo decíamos – pero no, nunca llegaba la última subida. Había que seguir subiendo poquito a poco. Bien al fondo se veía en los picos incluso un poquito de nieve que todavía quedaba – estamos en agosto, es pleno verano, pero todavía quedaba nieve – y poquito a poco los últimos 3 kilómetros era subir y subir y subir.

En un momento, los demás, ya cuando estábamos a nada – dos kilómetros – tomaron un descanso. Yo seguí caminando lento pero seguro hasta arriba de todo. Cuando faltaban nada más casi que 600 metros para llegar, ya empezaba a hacer frío – había bastante viento – con lo cual me tuve que poner la chaqueta. Ahí también aproveché a descansar un poco y esperar a Johnny, así llegábamos los dos juntos al menos a la cima del paso del Gran San Bernardo.

Y así fue. Una vez que ya lo esperé a Johnny – también estaba llegando al mismo tiempo Arnold, el holandés, que estaba caminando poquito a poco a su ritmo – llegamos los tres juntos al Gran San Bernardo.

La última subida fue bastante complicada, pero una vez llegamos arriba ya estaba – era todo plano. Incluso llegamos ahí y vimos el Lago del Gran San Bernardo, que es increíble, con las montañas de los Alpes al fondo. La verdad una cosa hermosa, con agua turquesa.

De un lado estaba la parte Suiza con el hotel, y del otro lado – justo en el medio, la mitad del lago del Gran San Bernardo divide entre Suiza e Italia – del otro lado estaba Italia. Así que nosotros aprovechamos, fuimos del lado italiano a ver lo que es la estatua del Gran San Bernardo y lo que son las montañas ahí, que la verdad es un paisaje hermoso.

El paso del Gran San Bernardo, a 2,473 metros de altitud, es el punto más alto de la Vía Francígena y uno de los pasos alpinos más antiguos utilizados desde tiempos prerromanos. San Bernardo de Menthon fundó aquí un hospicio en el siglo XI para asistir a los peregrinos, y los famosos perros San Bernardo se criaban para rescatar viajeros perdidos en la nieve.

Ahora sí, finalmente, ya había pasado de Suiza a Italia. Los 10 días que estuve en Suiza fueron muy bonitos, pero ya tocaba cerrar ciclo y comenzar Italia.

Lo primero que hice fue ir a comer al lado del agua – había como unas mesitas – estaba con un viento terrible, bastante frío, pero decidí ponerme ahí a comer algo mientras los otros habían ido a hacer el check-in en el hotel en la parte de Suiza, que es donde se iban a quedar ellos. Les salía 50 euros por una habitación – una cama en la habitación de 8 personas – a 50 euros, lo cual me parecía carísimo y decidí no hacerlo.

Me dijeron que podía ir a la recepción para estar un poquito más caliente – así que fui ahí, aproveché. Mi idea era quedarme acampando en el paso del Gran San Bernardo del lado italiano.

Me quedé primero en la recepción, cargué los teléfonos, aproveché para irme a duchar – en teoría no podía, pero les pedí la toalla y me fui a duchar un poco para no estar tan sucio.

Una vez hecho eso, a eso de las 7de la tarde aproveche a investigar donde podría poner la tienda. Estuve primero caminando todo por la parte italiana, donde está cerca de la estatua del Gran San Bernardo, hasta que encontré un lugar un poquito alejado – a la altura unos 2,470 metros más o menos – que era perfecto porque se veía todas las montañas de la parte italiana de fondo, no daba mucho el viento, estaba un poco cubierto y no se veía a la distancia.

El único problema es que en teoría en el Valle de Aosta, en la parte italiana, solo se puede acampar a partir de los 2,500 metros de altura, así que era un poquito ahí al límite. Pero como no se veía absolutamente nada de afuera, sabía que no iba a tener ningún problema.

Así que una vez encontré el lugar para acampar, fui a tomar una cervecita tranquilo, y después ya fueron llegando los chicos para ir al restaurante italiano para comer unas pizzas.

Una vez llegamos todos, pedimos las pizzas – yo me pedí una margarita – empezamos a comer, y a eso de las 8 de la noche ya les dije que me iba a ir arriba para poner la tienda. Me acompañó Jhonny, fui arriba, puse la tienda a las 8 de la noche, volví abajo para lo que iba a ser pedir el postre.

Después ya me despedí de los que iban a los hoteles, y yo volví arriba para dormir libremente en la tienda sin pagar nada, con unas vistas espectaculares en el medio de la montaña.

Día 49: Descenso al Valle de Aosta

1,200 metros de bajada hacia Italia

Hoy había dormido en el paso del Gran San Bernardo a 2,450 metros de altura sobre el nivel del mar. Amanecer con las montañas de fondo fue un total espectáculo.

El problema igual no fue el frío en la noche, sino el viento. La verdad que había ráfagas de viento – incluso aunque estaba bastante protegido – pero nada de qué preocuparme. Lo que sí tuve que hacer es ponerme tapones en el oído para que el ruido y el sonido de las ráfagas del viento no me moleste para dormir.

Me desperté a las 6 de la mañana. Ya para ese momento ya había amanecido, pero poquito a poco se estaba asomando el sol y la verdad que las vistas, amanecer desde ahí, el cielo estaba despejado, fue increíble.

Podía ver como la luz del sol lentamente iba iluminando las montañas, iba bajando, y la verdad que era algo espectacular. Así que me tomé mi tiempito para ver el amanecer, las vistas, adentro de la tienda, porque sabía que afuera hacía bastante frío.

A eso de las 7:00 de la mañana ya empecé a desmontar la tienda. El único problema era que hacía bastante frío afuera, entonces mis manos estaban todas tiesas y un poco frías por el viento, bastante frío, entonces desmontar la tienda me costó más de lo que realmente me costaba normalmente.

Una vez terminé de desmontar la tienda con las manos congeladas, bajé lo que era la montañita donde estaba el paso del Gran San Bernardo para llegar al restaurante del lado italiano para tomar un desayuno, un cafecito con un cornetto para arrancar el día.

Me lo tomé muy tranquilo, y esperando a que los otros chicos lleguen de los hoteles. Ellos tenían el desayuno a las 8 de la mañana, y esperarlos para después arrancar a caminar todos juntos.

Me quedé esperándolos, y a las 8:15 de la mañana aparecieron todos – e incluso un chico nuevo, Samuele, otro italiano. Como tenían que quitarse de encima algunos francos suizos, compraron un par de cosas para todos, para quitarse de encima todos los francos suizos que los aceptaban en el restaurante de la parte italiana.

Una vez hicimos eso, arrancamos a caminar para lo que hoy iba a ser, en teoría, una bajada de unos 1,200 metros sobre el nivel del mar – desde 2,500 hasta unos 1,200 metros – y la idea era llegar a un camping para quedarnos hoy.

Empezamos a caminar todos juntos, bajando lo que era el Valle de Aosta, ahora sí ya en Italia, y bajando como dije de los 2,500 metros – en total íbamos a bajar unos 1,200 metros.

Empezamos a bajar, era constante pero no era muy empinada, con lo cual no estaba tan mal para los pies. Había algunos tramos que sí estaba un poco más empinada, pero tampoco tanto. De hecho, paso una hora y media, y de repente nos dimos cuenta que habíamos bajado ya unos 600 metros sin haberlo notado notablemente.

Llegamos a un pueblo, hicimos una pequeña parada, y yo la verdad que tenía ganas de seguir caminando, no tenía muchas ganas de parar. Así que decidí continuar caminando, lentamente – tampoco les dije nada. Ellos se quedaron un poquito más parados y fueron a un café.

Entonces yo seguí caminando muy lentamente a ver si alguno me seguía, pero como vi que ninguno me seguía, seguí caminando normal. Tenía ganas de estar tranquilo – no era que no quería estar con ellos, sino que quería caminar y no me importaba de alguna manera si estaban o no estaban ellos.

Entonces seguí caminando así. Pasó una hora más, quizás una hora, hora y media más – habían pasado ya unos 12 kilómetros – y decidí hacer una parada en una piedra. Así que me paré, me hice unos sánguches, almorcé, descansé un poco.

Para ese entonces ya había bajado más de 1,000 metros de desnivel. Algo interesante de los pueblos es que en los postes de luz tenían, arriba de todo, como en metal, el símbolo de la Vía Francígena, que es el hombre con la mochilita atrás.

Después de la parada para comer, seguí caminando. El camino era un poquito entre carretera y camino de tierra, pero siempre un poquito se escuchaba lo que era el sonido de los coches. En un momento ya empezó a pasar al lado del río, lo cual era bastante bonito porque se escuchaba ahora el agua.

Mientras bajaba, cada tanto se veía una vista muy bonita de lo que era el Valle de Aosta con las montañas de los lados, el valle en el medio, montañas al fondo, a los costados.

Pero quedaban unos 3 kilómetros para llegar al camping, y las bajadas iban siendo peores – iban siendo cada un poquito más empinadas – lo cual las rodillas no me molestaban tanto, pero los dedos de los pies para bajar me estaban tocando mucho la punta de la zapatilla, y me estaba empezando a molestar cada vez más.

Y así al fin llegué al pueblo de Gignod, donde en teoría estaba el camping que nos íbamos a quedar: Camping Europa. Cuando llegué ahí me doy cuenta de que tenía un cartel que dice «cerrado».

En eso veo una mujer que estaba adentro, le pregunto si está cerrado. Me dice «está cerrado». Intento explicarle que soy un peregrino y necesito donde dormir, pero me interrumpe y me dice que esta cerrado interrumpiéndome.

Yo al fondo veía que tenía lugares libres, entonces no entendía primero por qué me decía que estaba cerrado, y segundo por qué me trataba mal de alguna manera, diciéndome solo «está cerrado» y se daba vuelta y no me hablaba más ni darme explicaciones ni nada.

Así que no entendía nada. Le dije a los otros chicos – porque estaban como una hora más atrás – que el camping estaba cerrado, que yo iba a seguir caminando y decidir que hacer. En teoría quería irme a un bar a pensar y a saber qué hacer, pero los bares parecia que estaban cerrados – todos los que vi afuera por lo menos estaban cerrados – Empecé a caminar poco a poco, y llegó un momento que dije: voy a Aosta. Me faltaban unos 6 kilómetros.

Si bien eran 6 kilómetros los que faltaban para Aosta, era nuevamente seguir bajando, bajando y bajando, y bajando, lo cual para mis pies, los dedos de los pies, me estaba complicando un poco. Pero era ir lento. Y adicionalmente, era en medio de la carretera, con lo cual tampoco para mis pies y mis rodillas les hacía bien.

Me puse música y seguía adelante caminando poco a poco. Así fue todo el camino. Pero el problema también era que claro, no teníamos lugar para quedarnos en Aosta.

Sophie, la chica de Estados Unidos, al llegar al pueblo del camping Europa (Gignod), decidió tomarse un bus y llegar directamente a Aosta. Entonces estábamos todos hablando a ver dónde podíamos conseguir un lugar en Aosta – buscando lugares, llamando o mandando mail – de todo, hasta que al final la mamá de Sophie de Estados Unidos pudo llamar a un convento en Aosta que nos dejó hospedarnos.

Digo esto porque ya eran las 7 de la tarde – era bastante tarde – y no teníamos ningún lugar para quedarnos. Aosta es una ciudad grande, acampar libre no se podía. Mi idea iniciar era ir a un donativo, pero que intente llamar varias veces y no contestaban – pensaba ir personalmente – pero después pensé: son las 7 de la tarde, si no contestan ya no va a haber nadie, o va a estar ocupado porque solo tenían una cama.

Entonces cuando Sophie me dijo que ya tenía un lugar para mí en el convento, dije que okay. La habitación salía 25 euros, y yo ya pensaba quedarme una noche más para descansar al día siguiente. Lo bueno es que era una habitación privada con baño incluido en la habitación.

En el momento que llegamos – ya era como a las 8 de la noche – nos tomamos una ducha inmediatamente, fuimos a cenar y a descansar, porque los dos estábamos muertos.

Reflexiones de la séptima semana

Esta séptima semana en la Vía Francígena fue, sin duda, la más épica, desafiante y significativa de todo el viaje hasta este momento. Cruzar el paso del Gran San Bernardo no fue solo un logro físico – ascender a 2,473 metros de altura después de días de subida constante – sino un momento de conexión profunda con la historia milenaria de este camino.

Caminar por donde han caminado peregrinos durante más de mil años, pasar por el hospicio donde San Bernardo rescataba viajeros perdidos en la nieve, ver los mismos picos alpinos que contemplaron ejércitos romanos, comerciantes medievales y millones de peregrinos antes que yo – todo esto me hizo sentir parte de algo mucho más grande que mi propio viaje individual.

La despedida de mi novia marcó el regreso a la soledad del peregrino solitario, pero paradójicamente, esta semana también trajo los reencuentros más significativos: con Johnny después de días sin vernos, con Gioia y Alessandro, y con nuevos compañeros como Lorenzo, Samuele, Sophie y Arnold. El camino tiene su propia manera de reunir a las personas cuando más lo necesitan.

Los desafíos físicos fueron monumentales. Las subidas acumuladas de más de 1,500 metros en pocos días pusieron a prueba cada músculo, cada articulación. Pero el paisaje – desde los viñedos suizos hasta las cascadas alpinas, desde los lagos turquesa hasta las cumbres nevadas – compensaba cada gota de sudor, cada momento de dificultad.

El cruce de Suiza a Italia fue simbólico en más de un sentido. Dejé atrás 10 días intensos en tierra helvética – con su organización, sus precios altos, sus paisajes perfectos – para entrar en la calidez mediterránea de Italia. El Valle de Aosta me recibió con sus montañas imponentes y su promesa: desde aquí, todo es cuesta abajo hacia Roma.

Dormir a 2,470 metros de altura en mi tienda, con el viento aullando y las estrellas brillando sobre los Alpes, viendo el amanecer iluminar las montañas desde dentro de mi saco de dormir – esos son los momentos que ninguna fotografía puede capturar, que ninguna palabra puede describir completamente. Son momentos que se graban en el alma del peregrino.

Esta semana me enseñó que los momentos más difíciles suelen ser los más memorables, que el esfuerzo da significado al logro, y que compartir estos momentos – aunque sea brevemente – con otros peregrinos que entienden exactamente lo que estás experimentando, crea vínculos que trascienden idiomas, nacionalidades y culturas.

Ahora, con los Alpes a mis espaldas y Roma cada vez más cerca, el camino continúa…

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