7 cosas que nunca me acostumbré viviendo en Taiwán

Hoy, miro en retrospectiva mis días en Taiwán y me doy cuenta de lo bizarro y fascinante que es el choque cultural asiático.

Viajar a un país un par de semanas es hermoso, pero cuando te instalás a vivir ahí, empezás a notar esas pequeñas locuras cotidianas que no salen en los folletos turísticos. Taiwán es un país hipermoderno, seguro y con gente increíble, pero por más tiempo que pasé recorriendo la isla, hubo costumbres a las que mi cerebro occidental nunca terminó de hacer el clic.

Si estás por viajar (y te recomiendo que lo hagas, podés leer mis 30+ razones para visitar Taiwán en 2026), preparate para experimentar estas 7 cosas a las que yo nunca me pude acostumbrar.

1. El camión de basura que toca a Beethoven 🎵🗑️

En Argentina (y en casi todo el mundo), sacás la basura a la vereda y un camión pasa a la madrugada. En Taiwán, no. Acá la basura no toca el piso.

Un par de veces al día, escuchás a lo lejos la melodía de Para Elisa de Beethoven a todo volumen. Esa es la señal. Los vecinos salen de sus casas con las bolsitas en la mano y esperan en la esquina a que pase el camión amarillo recolector. Es un evento social; la gente charla mientras espera para lanzar su bolsa al camión en movimiento. Las primeras semanas, escuchaba la musiquita y salía corriendo desesperado para no quedarme con la basura en casa.

2. Los terremotos como evento casual 🫨

Taiwán está en el Cinturón de Fuego del Pacífico. La tierra tiembla, y tiembla seguido. Lo que a mí me generaba un microinfarto, para los taiwaneses era martes. Estás en un café tomando algo, de repente empiezan a sonar todas las alarmas de los celulares al mismo tiempo (el sistema de alerta temprana es increíble), todo se mueve, las lámparas se sacuden… y los locales ni siquiera levantan la vista del celular. Esperan que pase y siguen comiendo.

Yo creo que nunca dejé de mirar de reojo las salidas de emergencia.

IATI SEGUROS

3. Hacer fila es un deporte nacional 🚶‍♂️🚶‍♀️🚶

El nivel de paciencia que manejan es admirable. Hacen fila perfecta y en silencio para entrar al subte, para subir al colectivo y, sobre todo, para comer. Si en un Mercado Nocturno (podés leer mi guía sobre los Night Markets y qué comer) ves un puestito con 50 personas esperando, el taiwanés asume que venden algo espectacular y se suma a la fila feliz de la vida.

Para mi ansiedad latina, esperar 40 minutos por un pan relleno a veces era demasiado, pero confieso que la comida siempre valía la pena.

4. El precio de mi desayuno sagrado 🥛

Soy un tipo de costumbres simples a la mañana, pero esto me dolió en el alma y en el bolsillo: la leche de vaca es un artículo de lujo.

Como no tienen casi industria lechera local, un sachet o cartón de leche de vaca (que para mí es innegociable en el desayuno) te sale el triple que en Europa o Sudamérica. Al final, terminás entendiendo por qué toman tanto té o leche de soja, ¡es una cuestión de supervivencia financiera!

5. Salir a caminar es un desafío de humedad 📸💦

Si sos de meterle kilómetros a las piernas como yo, el clima de Taiwán te va a poner a prueba. Acostumbrado a hacer senderos largos o cruzar montañas en Europa, salir a caminar por Taiwán con la Canon 6D al hombro fue un choque térmico.

La humedad en verano roza el 90% constantemente. Salís a la calle y a los tres minutos estás transpirado como si hubieras corrido una media maratón. Aprendí a las malas a llevar siempre toallas de microfibra, mucha agua y bolsitas de sílica gel en la mochila para que no se me llenen de hongos los lentes de la cámara. (Si querés saber cuándo es mejor ir para evitar esto, mirá mi post sobre el clima en Taiwán por estaciones).

6. Las cocinas de adorno en los departamentos 🍳

Cuando alquilás un departamento allá, lo normal es que no tenga cocina, o que apenas tenga un hornito eléctrico enano. ¿Por qué? Porque cocinar es casi igual de precio que comer afuera.

Con mi novia, que es vegetariana, al principio buscábamos departamentos con cocina para armarnos nuestras propias comidas, pero vimos que ninguna tenia. Grave error. Como se ve en la imagen de arriba en nuestro apartamento, lo único que teníamos era una mini olla eléctrica donde ahi intentábamos cocinar para los 2.

Terminamos dándonos cuenta de que comer en los bufés vegetarianos locales que te cobran por peso nos salía infinitamente más barato y sin tener que lavar los platos. ¡La cultura de las convenience stores (7-Eleven, FamilyMart) te resuelve la vida por dos mangos!

7. El nivel de seguridad irreal 🎒

Esta es la única cosa a la que no me acostumbré, pero en el buen sentido. Venimos de países donde no podés descuidar la mochila ni un segundo.

En Taipéi, vas a un café, dejás la notebook de última generación, el celular, la billetera y la cámara arriba de la mesa, y te vas al baño 10 minutos. Volvés y todo está exactamente igual. Al principio yo era el bicho raro que iba al baño cargando todo su equipo, hasta que me relajé. Es una paz mental que no tiene precio y que extraño muchísimo.

¿Te animás a vivir el choque cultural?

Viajar a Taiwán te rompe los esquemas y te amplía la cabeza de una manera hermosa. Si querés ir a vivir tu propia experiencia sin estresarte por la logística del idioma y el transporte, descargá mi Guía Completa de Taiwán.

Vas a encontrar los mapas, las apps que necesitas para comunicarte y los itinerarios día por día para que tu única preocupación sea disfrutar… y acordarte de sacar la basura cuando suene Beethoven.

¡No te pierdas estos consejos!

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