Mi experiencia en la Vía Francígena – Semana 5: En Francia entre tormentas

Prólogo: Adentrándose en tierra de Courbet

La quinta semana de mi peregrinación por la Vía Francígena me llevó desde las ciudades fortificadas hacia el corazón del Franco-Condado, una región histórica que perteneció a España durante siglos y que aún conserva su carácter único en el este de Francia. Esta semana estuvo marcada por la transición geográfica a terrenos más montañosos, donde los Alpes del Jura empezaban a insinuarse en el horizonte.

Fue la semana de las despedidas temporales – Johnny y Gioia se quedaron descansando en Besançon mientras yo continué solo hacia territorio desconocido – y también de nuevos encuentros, como la peregrina alemana que apareció justo cuando más necesitaba compañía. Las tormentas eléctricas fueron protagonistas constantes, obligándome a buscar refugios improvosados y a depender de la bondad de desconocidos que aparecían en el momento justo.

El paisaje cambió dramáticamente: de campos abiertos a bosques frondosos, de senderos llanos a túneles excavados en roca, de pueblos agrícolas a pequeñas ciudades artísticas como Ornans, cuna del pintor Gustave Courbet. Cada día trajo nuevos desafíos logísticos y nuevas lecciones sobre la importancia de la flexibilidad y la gratitud.

Día 29: Cuando 25 kilómetros se convierten en 35

Una jornada de búsqueda de refugio

Hoy, como casi todos los días, nos despertamos a eso de las 6:30 para desayunar algo relativamente rápido y empezar a caminar. Ayer había sido el día de descanso en Langres, así que estábamos con bastante más energía. La idea de hoy era hacer unos 25 kilómetros más o menos para llegar a un pueblo donde pensábamos acampar.

Gioia salió un poco más temprano, y después salimos Johnny y yo caminando los dos juntos hasta que al kilómetro 2 o 3 nos encontramos con Gioia. Empezamos a caminar, y la primera parte era muy bonita la verdad, porque al salir de Langres era todo por un canal hasta llegar a un lago, y después bordeando el lago unos 8 kilómetros más o menos, lo cual era muy bonito.

Hicimos una pequeña parada en una playita que había en el lago, comimos algo, descansamos, y después seguimos caminando todo por el lago hasta que después salimos y había un bosquecito.

Para ese momento ya habíamos hecho aproximadamente unos 15 kilómetros, y Gioia decidió quedarse atrás para descansar un poco. Nosotros con Johnny seguimos adelante, y de repente, al hacer unos 5 kilómetros más, encontramos un lugar muy particular: un fuerte antiguo que ahora es un restaurante que abre los fines de semana y que funciona todo con productos de granja local.

Como solo abre los fines de semana y este era un día de semana, el restaurante estaba cerrado, pero había una mesa afuera, así que nos sentamos ahí tranquilos a comer nuestra comida.

Al poco rato llega uno de los dueños del restaurante y nos pregunta qué hacíamos. Le decimos que somos peregrinos que vamos a Roma, y nos dice si queremos una cerveza. Nos da una cerveza – pagamos obviamente – y charlamos un poco con él. Terminamos de comer charlando con él, hablando de la vida, del restaurante yla vida, y luego de eso empezamos a seguir camino hasta lo que en teoría pensábamos que iba a ser el final de la etapa.

Seguimos caminando tranquilos, pensando que íbamos a llegar al pueblo e iba a estar todo bien. Llegamos a Torcenay, que era el pueblo donde íbamos a terminar. Ya estaba Gioia porque había tomado un atajo. Nos pusimos a descansar – había un césped, una fuente – pudimos descansar, hacer una siestita, relajarnos y aprovechamos a agarrar agua – había un cementerio cerca.

Después de unas 2 horas más o menos, empezamos a caminar hacia el lugar donde teníamos visto para quedarnos, que era unos 2 kilómetros del pueblo. Entonces estábamos tranquilos.

Empezamos a caminar, a eso de las 4 y algo de la tarde, viendo a ver si donde habíamos visto se podía, y la verdad que no podíamos. Nuestra idea era acampar libre, entonces empezamos a ver, seguimos caminando un poco más, y no encontrábamos nada.

Empezamos a mirar el mapa a ver qué opciones podía haber, miramos incluso desviarnos a un pueblo, pero al final terminamos decidiendo seguir el camino e incluso posiblemente, si encontrábamos algo en el camino, adelantar para el día siguiente.

Seguimos caminando 1, 2, 3, 4, 5 kilómetros. Seguíamos, y el problema era que encima era subida, bajada, subida, bajada, entonces era bastante intenso y ya veníamos cansados.

A cada pueblo que pasábamos dentro de lo que era el camino de la Vía Francígena veíamos que era imposible acampar libremente. En un momento vimos que había un pueblito muy chiquito que había gente por ahí – les íbamos a preguntar – y justo se fueron, entonces no encontramos manera.

Seguimos caminando hasta que hubo un momento, al costado de una carretera secundaria, que había como un lugar dentro del bosque, pero el problema era que había muchas ramas caídas, entonces teníamos un poco de miedo de que al dormir se nos puedan caer ramas porque estaba dentro de un bosque. Decidimos no acampar ahí y seguir caminando.

Caminamos hasta que de repente, en un pueblo llamado Montfricon, encontramos una zona un poquito abierta – no sabíamos 100% si era privada o qué, pero lo encontramos abierto y había una pendiente para abajo, y ahí abajo estaba todo césped bien cortado como para acampar.

A todo esto ya se hicieron las 8 de la noche cuando llegamos al lugar, con lo cual estábamos totalmente destruidos. Habíamos hecho 35 kilómetros, un poquito más en total. Lo que en realidad era una idea de caminar 25 kilómetros, 6-7 horas, terminó siendo unas 12 horas incluyendo las paradas. Estábamos totalmente destruidos. Apenas llegamos pusimos la tienda, cenamos y dormimos.

Día 30: Hospitalidad inesperada junto al río

Una lección de bondad humana

Como el día de ayer habíamos llegado muy tarde y estábamos muertos por caminar 35 kilómetros durante todo el día, pensamos despertarnos a las 5:30 de la mañana para empezar a caminar a las 6, porque también pensábamos que iba a llover un poquito. Pero nadie se despertó a las 5:30 de la mañana, sino que a las 6:30, poquito a poco, nos empezamos a despertar, y a las 7:15 empezamos a caminar (Estábamos totalmente destruidos del día anterior).

Primero empezamos a caminar más o menos los tres juntos, y después Gioia decidió hacer un atajo – iba a continuar por la carretera y hacer menos kilómetros – y nosotros con Johnny decidimos continuar por la GR-145, la Vía Francígena normal.

A los pocos kilómetros yo quería un café la verdad, porque el día estaba bastante gris, así que nos paramos en el primer pueblo que vimos, agarramos agua también, y empezamos a hacer un cafecito. Yo tenía café y Jhonny tenía el gas para calentar el agua, así que tomamos un cafecito.

Seguimos caminando por el sendero sin ningún problema. El día estaba nublado, kilómetros entre campos o algún pequeño bosquecito. Hasta que en un momento llegamos a un punto donde había un río. Entonces nos sentamos los dos, pusimos los pies en el agua para bajar un poco la inflamación y relajar, descansar un poco. También vimos una víbora que parecía que estaba muerta.

Justo cuando estábamos por irnos, al lado del río había una casa y una señora viene, se nos acerca y nos pregunta si queremos café o té o algo. Le dijimos que bueno, que un tecito vendría bien. Entonces nos prepara un té en la pava con dos tacitas, además tenían una mesa ahí justo al lado del río. Entonces nos llevó todo ahí y nos sentamos a tomar un tecito tranquilos, mirando al río, relajados.

Hecha la paradita de descanso y relajar tomando tecito y comiendo algo, volvimos a caminar unos cuantos kilómetros más, sin apuros, sin problemas. De nuevo lo mismo: día relajado, nublado.

Hasta que en un momento, justo cuando estábamos por llegar a un pueblo, empieza a lloviznar poquito a poquito. Entonces tomamos refugio debajo de un árbol, nos pusimos las chaquetas y las cubre mochila. Justo cuando estábamos volviendo a empezar a caminar vuelve a parar, así que caminamos igual con todo puesto, pero a los 3 kilómetros o algo así nos lo sacamos porque nos estaba dando calor.

Para ese entonces quedaban unos 5 kilómetros para llegar al camping o a la ciudad donde nos íbamos a quedar: Champlitte.

Estábamos los dos medio evaluando si quedarnos en un camping que ya habíamos visto que salía 9 euros la noche, o ir a acampar libre que habíamos visto justo al entrar – un lugar bueno para acampar, cerca de una cancha de futbol. Pero terminamos decidiendo ir al camping, más que nada por mi parte por la electricidad que lo necesitaba, porque ya me estaba quedando con poca batería en el power bank.

Entonces llegamos al camping, ahí pusimos la tienda de campaña, fuimos al supermercado a comprar unas cosas para el día de hoy y para el día de mañana. Quedaba descansar tranquilos y disfrutar de lo que quedaba del día, y después ir a dormir.

Día 31: Túneles y campos de girasoles

25 kilómetros de variedad paisajística

Hoy nos despertamos a las 6:30 como casi todos los días, empezamos a guardar las cosas, y a las 7 y algo ya estábamos caminando. Lo que pasó esta noche es que llovió – yo la verdad que ni me enteré, estaba toda la tienda mojada – entonces estuvimos un poquito tratando de secar la tienda, pero no había manera. Entonces guardamos todo con la tienda mojada, desayunamos un poquito y empezamos a caminar a eso de las 7:15.

Johnny fue por su cuenta primero, y después empezamos a caminar. Aparentemente, cuando llueve a la noche no me estoy enterando nada, debe ser porque estoy muy cansado del día anterior.

Caminamos unos 10 kilómetros con Gioia, tranquilos, hasta que en un momento llegamos a un pueblo donde la iglesia tenía un pequeño césped y un banco para hacer una primera parada – que no habíamos hecho nada todavía. Fueron unas 2 horas caminando, y ahí descansamos un poquito. Me eché una minisiesta, comí un yogur, una fruta, para después, a los 20 minutos más o menos que estuvimos descansando, arrancar a caminar de nuevo.

Seguimos caminando tranquilos con Gioia, cada uno a su ritmo. Después me adelanté y ella incluso se quedó parada en un lugar. Seguí caminando.

En el camino pasamos por campos de girasoles muy bonitos, hasta que llegamos al pueblo que en teoría era el fin de la etapa de hoy: creo que se llamaba Dampierre-sur-Salon. Pero no paramos ahí, hicimos una compra en el supermercado porque pensábamos acampar libremente un poquito más adelante. Entonces hicimos la compra para el día de hoy, el día de mañana, y después de hacer la compra seguí caminando hasta el pueblo Autet, que había un lugar muy bonito al lado del río para descansar, con banco, mesa, el río para mojar los pies y césped para tirarse.

Así que después de hacer la compra era caminar unos 2 kilómetros más o menos hasta ese pueblo donde estaba el río. Ahí ya estaba Johnny esperándome, empezando a comer algo. Entonces me senté, comí algo, después puse a secar la tienda que seguía mojada todavía – no había tenido oportunidad de secarla – y a partir de ahí fue descansar unas 2 horas más o menos en el césped, tirarme una siesta, mojar los pies en el agua, hacer un par de cosas. Después de unas 2 horas, como dije, volver a caminar.

Seguimos caminando, esta vez era más por bosquecitos, hasta que de repente en un momento habia un túnel bastante oscuro – era de unos 30 metros de largo quizás – y era bastante oscuro. Así que con una linterna lo alumbramos un poquito, pasamos tranquilamente, después seguimos todo por bosque, pasamos después por un canal, un río, hasta llegar al pueblo donde nos íbamos a quedar: Savoyeux.

Ahí llegamos al pueblo y ya teníamos en vista un lugar para quedarnos, que casualmente era un campo de fútbol. Ahí encontramos que estaba perfecto para acampar los tres. Nos pusimos ahí, incluso teníamos un cementerio justo atrás donde podíamos encontrar agua potable para tomar. Así que a partir de ahí fue descansar, cenar y dormir.

Día 32: Hospitalidad espontánea en Pesmes

25 kilómetros y cerveza gratis

Nos despertamos nuevamente – ya es prácticamente rutina – a eso de las 6:15 para empezar a caminar a las 7. Ya era una rutina que veníamos siguiendo más o menos todos los días. Había rocío de la noche que quedó en la tienda, así que intentamos secarla lo más que pudimos. Estaba un poquito nubladito incluso a la mañana, y guardamos todo, desayunamos algo rápido y empezamos a caminar. Hoy, por algún motivo, también cada uno por su cuenta.

El plan del día de hoy eran hacer unos 25 kilómetros – caminando tampoco mucho – y a los 10 kilómetros más o menos llegamos al primer pueblo, hicimos una primera parada y pusimos las tiendas a secarse, ya que había un poquito de sol para que pudiéramos ponerla de nuevo en las mochilas sin ningún problema (básicamente para evitar que se deteriore y que tenga hongos) y que esté seca.

Lamentablemente, de nuevo por este día tuvimos que volver a caminar por carretera, por lo que era el camino oficial. No es algo que me guste, pero bueno, a veces toca. Continuamos caminando cada uno un poquito por su cuenta hasta que en un momento llegamos de nuevo a otra parada – parquecito para chicos más que nada. Johnny ya estaba adelante mío, y en ese momento lo encuentro ahí parado con dos australianos peregrinos que estaban también haciendo el camino.

Así que me quedé un rato charlando con ellos, y luego ellos continuaron el viaje y yo me quedé unos 15 minutos más descansando.

Hoy el día se estaba empezando a poner un poco pesado – estaba empezando a ser más de 30 grados, calor nuevamente como lo había sido hace unas 3 semanas – entonces queríamos llegar lo más rápido posible.

Justo en el momento que iba a arrancar de nuevo – que había estado 15 minutos descansando – me encuentro con Gioia y empezamos a caminar juntos hasta más o menos lo que era la entrada del pueblo, buscando agua. No encontramos nada, a unos 5 kilómetros de llegar a donde nos íbamos a quedar no había agua por ninguna parte. Intentamos en dos cementerios, pero no tenían agua, así que tuvimos que seguir caminando. Yo aceleré un poco el paso porque la verdad me estaba quedando sin nada.

Estábamos por llegar al pueblo Bucey-lès-Gy, y justo en ese momento Johnny me estaba esperando a la entrada del pueblo, prácticamente a un kilómetro antes. En ese momento ahí había casas, y nos quedamos en una piedra para sentarnos los dos.

Inmediatamente viene una señora con dos cervezas, sin pedirnos absolutamente nada y totalmente inesperado por nosotros. Sabía que éramos peregrinos, y un poquito más arriba, en otra casa, nos dieron agua y un zumito de naranja. Así que la bienvenida a este pueblo era súper agradable por parte de los habitantes.

Con Johnny esperamos a Gioia para arrancar a caminar de nuevo los tres juntos y llegar al pueblo los tres, y empezar a ver qué hacer. Teníamos una idea de ir a un supermercado para proveernos de algunos alimentos para los próximos días, pero la verdad que descubrimos que el supermercado estaba cerrado – que abría la semana que viene – entonces fuimos a una panadería que había justo al lado y compramos una hamburguesa y un té, suficiente para la noche, porque algo de comida ya teníamos por lo menos.

Entonces, después de eso, pasamos a seguir el camino a donde nos íbamos a quedar esta noche acampando libremente, que era un parque en la colina, en la cima del pueblo.

Una vez llegamos ahí, pusimos las tiendas, nos acomodamos, todo perfecto. Comimos, cenamos – ya eran la tarde, eso de las 7 de la tarde – y no nos quedamos satisfechos, así que Johnny y Gioia fueron abajo de nuevo al pueblo – que tampoco era muy lejos – a comprar una pizza para compartir entre los tres.

Finalmente, como estábamos en la colina y se veía la iglesia y el atardecer, fue un momento de relajación y simplemente admirar el atardecer y el paisaje.

Día 33: Entre dos tormentas hacia Besançon

33 kilómetros y refugio en el supermercado

Hoy nos despertamos a eso de las 6:15 de la mañana, como casi todos los días, preparados para caminar hoy unos 33 kilómetros en total. Empezamos a desayunar poquito a poco, y en el camino, hablando a la mañana, me di cuenta de que Gioia me había dicho que había una tormenta o una lluvia que se iba a venir por la mañana, pero la verdad que no pasó nada – incluso ni siquiera vimos nada mojado en la tienda, lo que es un tanto raro porque en la noche es normal que se moje la tienda del rocío.

Entonces miramos el pronóstico a ver cómo iba a estar el tiempo, y vimos que iba a estar todo bien, así que empezamos a caminar a eso de las 7 de la mañana, tranquilos. Como se fue dando el día, por algún motivo nos fuimos dispersando los tres, y fue que este día empezamos a hacer el camino más que nada individual, cada uno por su cuenta, separados por ningún motivo en particular.

En un momento nuevamente pasamos por campos de cannabis industrial, pero fue un campo chico, y luego hicimos una subida importante en medio de un bosque, y en el momento en que terminamos la subida encontré un lugar que era como un camping que estaba todo con techo y con mesa, bastante bien para quedarme y descansar un poco – que ya había, para ese momento, hecho unos 10 kilómetros. Entonces decidí quedarme ahí tranquilo, y Johnny y Gioia siguieron el camino continuando solos mientras yo me quedé ahí solo.

Hoy el destino era Besançon – hacer unos 30 y pico de kilómetros, que en realidad estábamos juntando dos etapas en una. La oficial dice que la primera son unos 15 kilómetros y la segunda unos 17 kilómetros, pero nosotros para llegar a Besançon el sábado – y el domingo que ellos tenían que descansar, y aparte que el domingo la mayoría de las cosas está cerrado – es mejor estar en una ciudad grande.

Pasados unos 20 kilómetros más o menos, había un supermercado que ya lo habíamos visto, perfecto para parar y comer. Entonces fuimos al supermercado, e hicimos la parada para comer en un parquecito que había justo al lado, y a la media hora vimos que se venía una tormenta importante. Entonces comimos rápido e inmediatamente fuimos al supermercado para buscar refugio de la tormenta que se iba a venir.

Era una tormenta fuerte con relámpagos, truenos, viento, lluvia bastante fuerte, así que hicimos bien en refugiarnos. En ese momento también apareció un peregrino italiano que estaba haciendo al revés el camino, desde Lucca a Canterbury.

Estuvimos ahí esperando unas 2 horas más o menos a que parara un poco de llover, y en el momento que vimos que había un poco de luz y que paró de llover lo suficiente, arrancamos a caminar.

Para ese entonces nos faltaban unos 15 kilómetros para llegar a Besançon. Entonces lo que decidimos hacer es – como iba a estar el camino seguramente todo embarrado por la lluvia fuerte que había habido – decidimos tomar un poquito algunos atajos y por carretera.

Iba todo bien, el único tema es que carretera no es lo mejor, hasta que en un momento no sé qué pasó – el atajo que deberíamos haber tomado no estaba – y estuvimos por una autopista donde los coches iban a 100 y pico kilómetros por hora y nosotros caminando en la banquina.

Después de eso hicimos un poquito más de kilómetros, llegamos a otro supermercado donde también hicimos otra parada técnica, más que nada para ir al baño, comprar alguna que otra cosita, descansar unos 15 minutos, agarrar fuerzas para hacer unos 7 kilómetros más que nos faltaban hasta la ciudad de Besançon.

Besançon es la capital de la región de Franche-Comté (Franco-Condado), una ciudad de Arte e Historia construida en un meandro del río Doubs y dominada por una ciudadela que es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2008. La ciudad está rodeada por el río Doubs y siete colinas, protegida por robustas fortificaciones. En sus calles nacieron Víctor Hugo y los hermanos Lumière, y fue escenario de la novela «Rojo y Negro» de Stendhal.

Después de eso comenzamos a seguir caminando, y empezaba la parte fea de lo que es la entrada a la ciudad, que era como una hora y media más o menos, o dos horas caminando por carretera, porque ahí sí que no hay manera de hacer otra cosa – ya era el camino oficial para llegar a la ciudad de Besançon, que es una ciudad bastante grande dentro de lo que es el sureste de Francia.

Llegamos aproximadamente a eso de las 7, justo para que básicamente lleguemos, nos quedemos en el albergue para peregrinos, comprar algo para comer, cenar, ducharse e ir a dormir.

Día 34: Despedida en Besançon

Continuando solo hacia territorio desconocido

Hoy era el día donde me iba desde Besançon y los chicos – Gioia y Johnny – se quedaban. Así que yo, por mi cuenta, me desperté a eso de las 6:30 como casi todos los días, empecé a desayunar, a preparar mis cosas, y ellos muy poquito a poco se fueron levantando.

No tenían ninguna presión porque se iban a quedar a descansar ese día, pero yo desayuné, hice mis cosas y me despedí de ellos para continuar el camino por mi cuenta, por lo menos por ahora. Quizás me los vuelvo a encontrar, pero para salir de Besançon los siguientes días iba a seguir por mi cuenta.

Arranqué a caminar, y la primera parte la verdad que era una cuesta importante – era como un desnivel de unos 150 metros en un kilómetro y medio – y era bastante difícil. Pero lo bonito es que al final, al llegar, se veía todo el castillo y las murallas de Besançon, bastante bonito. Después seguí un poquito por carretera.

El día continuó nublado, sin más ni menos, caminando entre prados, caminos, verde. La verdad que estaba bien, no era nada del otro mundo. Carretera hubo por una pequeña parte al salir de la ciudad, y después ya era todo camino con campos a los costados.

En un momento había unas cuantas vacas, y aproveché, agarré un poco de pasto y le di de comer a una vaca. En el momento que le doy de comer, todas las demás vacas se vienen, se acercan y me empiezan a perseguir.

Como era domingo, generalmente en Francia los supermercados y todas las cosas están cerradas, pero había visto en un pueblo a unos 10 kilómetros más o menos – Mamirolle – que un supermercado estaba abierto hasta las 12 del mediodía. Entonces tenía que llegar antes de las 12, cuestión de poder comprar algo porque no tenía muchas cosas para comer y para cenar.

Por suerte pude llegar a eso de las 11:15, llegué al supermercado, compré un par de cosas: una hamburguesa, un zumo y algunas cosas más para poder almorzar y cenar, y estar tranquilo para un día más por lo menos.

En ese momento me quedé descansando al lado del supermercado – que tenía un pequeño parquecito – comiendo, y aproveché también a hacerle un agujero al cinturón porque ya me estaba quedando un poquito grande – aparentemente estoy bajando de peso de tanto caminar. Entonces aproveché ese momento a hacerle un agujerito más para que me quede más ajustado el cinturón y por lo tanto el pantalón.

Una vez hecho el agujero y habiendo descansado unas 2 horas, empecé a caminar de nuevo.

Un kilómetro antes del pueblo Foucherans me encuentro con que hay una iglesia y un poquito de verde suficientemente bonito donde se puede tener una vista hacia abajo, al pueblo. Entonces me quedé ahí otro ratito descansando. En ese momento viene un hombre y se me acerca y me dice que a las 4 de la tarde iba a haber una tormenta, una probabilidad de lluvia bastante alta. Eran las 3:30, y me dijo que había una fuente para refugiarme. Entonces estuve 10 minutos más y ya volví a caminar para encontrar un refugio.

Bajando de la iglesia, en el sendero, de repente me di cuenta de que estaba dentro de un campo que estaba todo enrejado. No sabía cómo salir, no encontraba la manera de salir. Según el mapa era por la reja, la puerta del campo de entrada, pero no veía la manera de salir. Entonces tuve que pasar por debajo de la reja en un lugar suficiente para que pueda pasar. Cuestión, que después me di cuenta que había como un pequeño caminito entre maderas, pero que parecía que estaba con candado del otro lado.

Ya se empezaba a poner cada vez más feo el tiempo. No encontraba la fuente que me había dicho. De hecho, después me di cuenta de que yo con el camino no pasaba por la fuente, pero yo seguí caminando hasta el pueblo hasta que de repente llegué a donde está la mairie – que es el ayuntamiento – y justo enfrente había como una parada de autobús, que tenía un par de banquitos e incluso tenía un techito.

Entonces, justo cuando empezaba a llover, empecé a refugiarme en esa parada y empezó una tormenta fuerte con mucho viento, tormenta, relámpagos, truenos, mucha lluvia. Por suerte yo estaba refugiado, pero ahí me quedé como por 2 horas, hasta que de repente el mismo hombre que me había dicho de la fuente se me acerca.

A todo esto, yo ya estaba empezando a pensar en poner la tienda en ese mismo lugar donde estaba refugiado porque parecía que iba a llover toda la noche. Pero justo después, en ese momento, se me acerca – pasadas unas 2 horas – el hombre que antes se me había comentado arriba de que iba a haber una tormenta. Viene con el coche, frena, se me acerca y me dice «vení, vení», y a unos 10 metros me muestra que había un lugar como un refugio de la escuela – techado, con mucho espacio y cerrado con paredes – que me dijo que ahí me podía quedar, que él era de la comunidad y que no había ningún problema que me quede ahí toda la noche.

Entonces aproveché ese gesto de hospitalidad, me quedé ahí, cené, puse la tienda lo suficiente como para que no me entre tanto frío – no le puse el cobertor – y ya después descansé.

Día 35: Ornans y la peregrina alemana

Un día entre tormentas con nueva compañía

Hoy, por lo que había visto, también estaba pronosticado un poco de lluvia, así que estaba un poco expectante a ver cuándo me despertaba, a ver cómo iba a ser. Me desperté a las 7 de la mañana, desayuné tranquilo, desarme todas las cosas y las puse en la mochila como correspondía, y a las 7:30 arranqué a caminar.

El día estaba nublado pero no estaba lloviendo, lo cual era perfecto para caminar. Arranqué a caminar sin ningún problema, había niebla incluso, y el camino era muy bonito porque era como de piedra toda aplastadita, lo cual era muy sencillo caminar, y era una subida pero muy ligerita, entonces no se notaba.

En un momento de este camino que era todo por piedra toda rota, había un túnel bastante largo de unos 150 metros más o menos que estaba muy bonito la verdad – por dentro iluminado. La verdad que me gustó tanto lo que era el caminito como la parte del túnel, y después fue seguir por el camino bajando. La verdad que fue una mañana muy relajante y me sirvió para pensar.

Al llegar a Ornans, me detuve a tomar café y cargar un poco los dispositivos. Aproveché para comer algo ligero y mirar el mapa; el pueblo es pequeño, pintoresco, con casitas antiguas y el río Loue atravesándolo, un lugar perfecto para recargar energía. Justo al salir del pueblo me crucé con otra peregrina, alemana, que justo había arrancado en Besançon. Caminamos juntos unos kilómetros, lo que hizo el trayecto más ameno y nos permitió charlar sobre las experiencias del camino, los desafíos físicos y las alegrías de encontrar gente que comparte la misma pasión.

A media tarde, el clima se puso un poco tenso: vimos tormentas tanto atrás como adelante, con truenos y relámpagos. Decidimos no arriesgarnos y buscar un pequeño refugio en un restaurante del camino. Esperamos ahí hasta que la lluvia pasó, comimos algo y cargamos energía para los últimos kilómetros. El camino después fue tranquilo, cruzando campos y senderos junto al río, hasta llegar al camping que ya había tenia previsto quedarme.

Al llegar, armé la tienda, cené y descansé mientras el sol se escondía y un arcoíris apareció entre la ligera llovizna.

Reflexiones de la quinta semana

Esta semana de la Vía Francígena fue intensa, con días largos y exigentes, combinando caminatas de más de 30 km, subidas y bajadas, caminos de tierra y algunos tramos por carretera. Más allá de la distancia, lo que realmente marcó la semana fueron los momentos de adaptación, la paciencia y la resiliencia. Hubo días en los que encontrar un lugar para acampar fue un desafío, otros en los que la lluvia y el barro complicaban el paso, y momentos en los que la energía física flaqueaba.

Pero también hubo gestos que quedan grabados: una mesa afuera de un restaurante cerrado, una señora que nos ofreció té junto al río, vecinos que compartieron birra y zumos sin pedir nada a cambio. Todos esos pequeños momentos recordaron que el camino no es solo físico, sino un encuentro constante con lo inesperado, con la naturaleza, y con personas dispuestas a ayudar.

La semana enseñó que la constancia y la adaptación son clave. Cada día exigía tomar decisiones, priorizar descanso, organizar comida y buscar agua, mientras se mantenía el ritmo. Pero, al final, los desafíos se transforman en recuerdos imborrables, y la sensación de logro al llegar al destino diario hace que todo esfuerzo valga la pena.

Esta semana en la Vía Francígena fue, en resumen, una mezcla de fatiga, aprendizaje, momentos de belleza y hospitalidad humana, que demuestra que el Camino es tanto una aventura exterior como un viaje interior.

¡No te pierdas estos consejos!

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

Deja un comentario

Carrito de compra
Scroll al inicio